Columnismo

Arena de otro mar

Imagine

19.09.2017 @marisabellucas 2 minutos

Siempre se llega tarde. A la vida, al amor, a las ganas de volver. Nos despojamos de responsabilidades y el resto vive aislado en lo que se nos escapa. La vida. Imagine no vivir. Imagine no viajar. Imagine no emocionar, que no le emocionen. Imagine el día que no desee. Imagine la pasión corrompida. Imagine el desamor anunciado. Imagine estar sin ser. Imagine ni influir ni fluir. Imagine no imaginar. Ahora enmudezca.

Y si quiere, siga leyendo.

Rendición, la última obra literaria de Ray Loriga y ganadora del Premio Alfaguara de Novela 2017, comienza así dando significado a su título:

“Nace y crece la ponzoña de la derrota durante un mal día con la claridad de un mal día forzada por la cosa más tonta, la misma que antes, en mejores condiciones, no nos hubiera hecho daño y que sin más consigue aniquilarnos, si es que coincide por fin ese último golpe con el límite de nuestras fuerzas”.

Entonces observo yo y me asaltan las dudas. Percibo un mundo pasivo donde la norma establecida no se altera, donde la privacidad queda absorbida por una nebulosa que quizás no conozcas pero que se permite robar tu verdad. No quedan secretos, todo se ve, todo se dice y todo se pierde. La palabra intimidad parece cada día más íntima en lo que se refiere a su pérdida, mientras que, paralelamente, en esta exposición pública buscamos además una igualdad individual descuidando de esta manera nuestra identidad. Se están perdiendo silencios significativos y no más que quedan personas que callan porque no sienten y porque no tienen nada que decir. Limitaciones a favor del conformismo. ¿Con qué comparamos una sensación si no tenemos la otra?

La ciudad que crea Loriga en su novela, y que a mí me aterra, representa la fragilidad de una sociedad encadenada a ser transparente, incapaz de percibir el olor de un perfume, sumisa a una única melodía. Una sociedad que no ama y que no llora porque la felicidad sobreexpuesta reprime a la lágrima. Y al final, ¿si nada nos emociona, de qué podemos considerarnos propietarios? Lo único que salva el caos de esta recreación, que bien pudiera describir la realidad, es que Ray puso un bar donde la cerveza era ilimitada. Y eso es lo único inimaginable aquí.

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