Columnismo

Arena de otro mar

La voz de una mujer

08.03.2018 @marisabellucas 2 minutos

Silencio de una mañana

Hace unos días, a las 7 de la mañana esperaba yo el autobús para llegar a comisaría. Iba a renovar mi carnet de identidad. La parada del autobús no está muy lejos pero yo iba con paso acelerado y mi mirada no podía evitar ir dirigida hacia todos lados. Esta escena  se suele repetir cuando llego tarde de fiesta. Pero precisamente quiero centrarme en este día. Al llegar al destino, una mujer fumaba y me indicaba mi posición en la cola. Más tarde, llegó un chico que decía tener prisa porque horas después debía estar en el juzgado. A partir de aquí preguntas y respuestas que no olvido:

- ¿Por qué vas al juzgado, alguna ya te ha denunciado por pegarle?, preguntó ella.

- ¿Me ve usted con cara de maltratador? Voy por un accidente de coche, respondió tajante él.

Después esto.

- Pues una chavala denunció a mi amigo y la denuncia era falsa. Y eso tampoco es. Las mujeres estáis muy protegidas por la ley.

A todo esto, la señora asentía con calidez. Me quedé callada pero mi cabeza era una auténtica fiesta de rechazo. Inmóvil.

Mi voz

Ahora, días después, aún tengo esa conversación en mente y solo quiero escribir y no dejar de hacerlo. Responder cuando antes no pude, porque me lo debo a mí y se lo debo a las demás. A las que lucharon en la fábrica para pedir igualdad laboral y las quemaron; a las que dieron luz a la calle y reclamaron el voto femenino entre 470 hombres;   a las que gritaron que no pasarían; a las que sintieron miedo; a las que pintaron los cuadros más bellos; a las amas de casa; a mi santa madre; a los poemas de Mathilde Pomès; a Campoamor, a nosotras.

Haré huelga porque soy mujer y estoy enamorada de la libertad. También por los que no lo entienden.  Porque quiero que el camarero se crea que la cerveza es para mí. Para pisar descalza y no resbalarme. Por derecho. Porque no se trata de aspirar, se trata de ser. Lo decía Almudena Grandes en la Cadena Ser: “Ha llegado el momento de parar para demostrar que, si paramos nosotras, se para todo. No lo duden”. El 8 de marzo no es un grito, es un silencio. Quiero esperanza y protesta.  Igualdad para ti y para mí, querida.

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