Columnismo

Buscando el sur

Amo a las mujeres que amo

08.03.2017 @JPedrosa97 2 minutos

Hoy es ocho de marzo, Día Internacional de la Mujer. Un 49,6% de las personas que te rodean son mujeres, si no lo eres tú misma. Ese 49,6% para ti es mucho más que un número. Sin lugar a dudas. Seguro que sólo con nombrar la palabra mujer tú piensas en tu madre, en tu abuela, tu hermana, profesora, amiga, pareja o compañera. Te aseguro también que ese tanto por ciento no hará justicia a la importancia que tienen las mujeres que te rodean diariamente. Ya os adelanto que mi vida sin las mujeres que la pueblan sería un desastre, se desvanecería en sí misma.

Empezando por que le debo la vida a mi madre, no sólo biológicamente, si no hubiese sido por su tesón y su apoyo este humilde escribidor en red hoy no estaría publicando. Sin la guía de sus ojos verdes hoy estaría perdido en un mar de dudas. Y el otro pilar fundamental ha sido mi abuela, la que me dejó como herencia el amor por las letras, la que inoculó en mí el gusanillo de la lectura y me brindó mis primeros libros, mi referente personal y el sosegado consejo que sólo te da la experiencia. Mis profesoras de literatura y arte, a las que —creo que— ya puedo llamar amigas, que me dedicaron todo su tiempo y me cedieron mucho más que sus conocimientos artísticos y literarios, que supieron acercarme al suelo cuando me despegaba y acercarme un poquito más la luna cuando era necesario. Mis tías y primas, que me acompañaron en días de playa, de campo o de montaña, en los fríos e invernales días de mi aniversario o en los calurosos días que se abrían nuevas etapas. A mis grandes amigas, a las que quiero con locura y aprecio desmesuradamente, a las que me prestan su oído cuando lo necesito y comparten cervezas en noches de luna llena, a las que me ceden su sofá en madrugadas nostálgicas, a las de irónico nombre y obsesión por la tendencia, a las de carnavalesca sonrisa y acento de campiña. A mis compañeras de clase, con las que paso más horas que con mis compañeros de piso y me hacen algo más pasajeras las tardes rodeados de apuntes que releer. A las que sonríen por la calle, en el metro o en el autobús, me hacéis los días un poco más fáciles aunque no lo sepáis. A todas las musas que me han inspirado en el bello hacer de unir palabras y a las que van a inspirarme en el futuro también, sin vosotras este oficio no sería posible.

Hoy, ocho de marzo, más que nunca quiero agradecer a todas las mujeres que hacen que mi vida tenga sentido.

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