Columnismo

Buscando el sur

Apuntes de Barcelona y algunas mierdas

21.02.2018 @JPedrosa97 3 minutos

En Barcelona hace un sol radiante, casi castigador en estas fechas. Parece lo único ajeno a una calma estable en la que mareas de turistas suben y bajan por las Ramblas en estado de pleamar. Conviven en Plaça Catalunya Tabarnia e independentistas catalanes al uso mediados sólo por una horda de palomas que parecen no saber qué ocurre más allá de los granos de arroz que les ofrecen los turistas que dejan las Ramblas. En el stand tabarnés suena música folclórica y de ritmos sureños y venden banderas del nuevo estado sin representación parlamentaria. Nada más y nada menos que dieciocho euros por ese trocito de ironía que tan mal sienta en el bando de Oriol; todos sabemos que el independentismo no es barato y de alguna manera habrá que justificar los futuros gastos. Al otro lado de las palomas parecen regalar esos pequeños lazos amarillos que espero sean reciclables o que, al menos, se reutilicen para otra causa. Propongo que los lazos se conviertan en apoyo a la libertad de expresión que suficientemente mal parada ha quedado después de los tres años de prisión que le han caído a Valtonyc por decir estupideces cuando tenía 17 y 18 años. Y eso que no le condenan por sus peores citas. Las redes sociales son tan peligrosas para los adolescentes como adictivas, hace 15 años este chaval hubiese escrito las mismas sandeces sin ningún tipo de repercusión porque no le hubiesen escuchado más allá de los cuatro amigotes del barrio. Es el problema de estar a un click del mundo cuando no sabes qué es el mundo. Y mucho menos cómo funciona.

Y en esas estábamos, intentando averiguar y destapar cómo funciona el mundo, más concretamente el narcotráfico en Galicia, cuando Nacho Carretero nos lo dio casi todo hecho con una inconmensurable obra titulada Fariña. Y es que en esto de la harina y el periodismo los gallegos nos ganaron la partida hace demasiado tiempo. Ahora, no contentos con tener la solución, una juez ha ordenado el secuestro del libro a petición de un ex alcalde de un pequeño municipio de Pontevedra. Y aún no ha pedido rescate. Queda paralizada su distribución e impresión hasta que se discierna si vulnera el derecho al honor del susodicho. Lo que no ha provocado otra cosa que un Efecto Streisand que poco favor le va a hacer al demandante. Parece que cuando un político se acerca a un juzgado es porque huele a mierda o va a cargarla.

Y hablando de heces, en Barcelona alguien tuvo la fantástica idea de situar el Parlament junto al zoo de la ciudad, en la Ciutadella. Realmente me parece una idea asombrosa, porque el hedor que desprenden los animales tapa el de sus vecinos. Y ahora mismo no sé quién huele mejor. Pero esta anécdota la narra mejor Soto Ivars en una de sus geniales crónicas de la ciudad. Por lo que no les aburro más y les dejo que vayan a leer al genio.

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