Columnismo

Buscando el sur

Azul

11.10.2017 @JPedrosa97 2 minutos

En Burdeos la línea 1 de autobús cubre el recorrido entre la Gare Saint-Jean –la estación de trenes– y el aeropuerto. Pasando por mi casa. Como casi todos los días repasaba el columnismo patrio en el bus para aprovechar el camino. Después de disfrutar y compartir las columnas de Pedro Simón y Xoan Tallón e inmerso en la prosa –que como un arco de violín hace gemir la lengua– de Félix de Azúa, se sentó frente a mí una chica con un A2 enrollado. Sus pequeños ojos azules se escondían detrás de los cristales transparentes de sus gafas. Andaban curioseando nerviosos todas las esquinas del ruidoso vehículo que compartíamos. Seguí leyendo a Azúa y cada vez que levantaba la vista encontraba sus ojos claros chocando con los míos. Este encuentro no duraba mucho tiempo ya que ella bajaba la mirada y esbozaba una media sonrisa tímida. Volvía yo a Azúa y su estampa de cafetería china cuando paramos en Moulin Rouge. Volvió mirarme, como despidiéndose y se bajó, agitada. Desde el bus la vi alejándose con el paso casi militar que se supone de quien llega tarde. Fantaseé las dos paradas que quedaban con el oficio de esos dos ojos azules. A lo mejor, pensé, es arquitecta y proyecta parte de esta ciudad en continua ampliación. O geógrafa y el A2 era un mapa en el que perderse una vez más. Seguí fantaseando el corto camino a pie que me quedaba casa. Pensé en arrepentirme por no haberla saludado al menos. No tendría columna mañana si lo hubiese hecho, me recordé. Mis compañeros me decían antes de llegar que temían que aquí sólo hablase de musas francesas y de cultura. ¿Qué le voy a hacer si la inspiración llama a mi puerta y viene acompañada de unos ojos azules?                        

De vuelta al columnismo llamé a mi hermano –que nunca ganará un Nobel pero es el consejo más sabio siempre– y le pregunté por su día para poder poner el mío en orden. A través de la pantalla de mi ordenador veía los únicos ojos azules que nunca se iban a despedir de mí sin la certeza de volver a encontrarnos y eso es mejor que cualquier musa francesa.

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