Columnismo

Buscando el sur

Cuando lo dejas todo

23.09.2016 @JPedrosa97 2 minutos

Todo el que le haya dedicado tiempo a algo y lo haya expuesto al público sabe lo que cuesta. Sabe lo que supone aceptar que todos opinen de tu trabajo sin saber lo que supone. Sabe lo que es dejar parte de ti en una creación y que muchas veces no sea valorada como se merece. Por eso el artista vive tan alejado de la sociedad, como si no le importara nada. Como si el común de la gente pasase por su vida como pasan las otoñales ojos caducas a tu lado en los meses fríos. Los artistas están hechos de otra pasta. Muchos de ellos acaban refugiándose en alcohol o drogas para eludir el contacto con la sociedad o para llenar el agujero que se crea en su interior cuando vuelve a publicar. Porque cuando vives en manos del público es muy difícil salir del aplauso.

El columnista es uno de esos artistas, no sé si uno especial, pero al menos uno con el que me siento identificado. Ya decía el maestro Umbral que escribir es cortar en lonchas la propia vida. Y a veces no es fácil ofrecer la loncha del día. A veces es difícil abrirte al público y dejar que entre hasta lo más profundo de alguna de tus inseguridades. Porque están todas plasmadas ahí en ese texto que, a veces, parece inocuo e irrelevante. Y aún así el columnista, como artista que es, vuelve periódicamente a encontrarse con su columna y con sus lectores. Volviendo a buscar su aprobación una vez más. Volviendo a mostrar de lo que es capaz ante el respetable. A veces tocar ciertos temas en tus columnas se puede asemejar a salir al ruedo. El respeto al botón de enviar quema dentro como debe quemar un asta. Pero como si de autoflagelarse se tratase volvemos a enviar a nuestro medio una vez más. Y volvemos a mostrar orgullosos el resultado de nuestro trabajo. Aunque sepamos que no siempre será valorado como es debido. Como si pensásemos que nuestros lectores se van a quedar todos y cada uno de ellos con un buen regusto en el paladar tras leernos y que le va a cambiar el día. Porque a veces, cuando lo dejas todo, y alguien lo valora sólo quieres volver a ponerte delante del teclado una vez más.

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