Columnismo

Buscando el sur

Estándares bálticos

26.09.2018 @JPedrosa97 2 minutos

En Málaga septiembre nos está dejando con más calor del que llegó. Es difícil ver ya a los niños chapoteando en la orilla de la playa y Sorolla ha dejado nuestros museos. A mi vuelta la ciudad parece en una calma tensa, como si nada hubiese pasado más allá de las obras del metro en la Alameda. Las terrazas del centro siguen copadas por unos turistas cada vez menos quemados por el sol. Y la prensa parece apuntar al nuevo gobierno socialista de la bajada de inversión en la ciudad. No hace mucho que nos visitó el ex primer ministro francés, Manuel Valls, que parece haberse decidido a presentarse a la alcaldía de Barcelona poco después de mostrar sus dudas hace una semana. Más allá de los Pirineos parecen asombrados con lo rápido que se está adaptando monsieur Valls a la política española: su silla de diputado parece estar cogiendo telarañas mientras él presenta su libro en un tour por España que más bien parece una campaña política. Poco me extrañaría que acabase presentándose a la presidencia del Gobierno si (como parece que va a pasar) fracasa su candidatura a la alcaldía de Barcelona. Me van a permitir que dude de Valls como alcalde de una ciudad en la que no vive, por mucho que hable catalán o quiera luchar contra el independentismo desde dentro (Manuel, se te escapó la bala de presentarte a la Generalitat). En esta casa le seguiremos de cerca.

Tan cerca como siguen los medios al nuevo ejecutivo. La situación ha cambiado mucho desde que presentó el equipo de ministros con más mujeres en la democracia y la prensa parecía quererle. Ahora parece que los estándares de la política se acercan mucho más a los países bálticos que a uno mediterráneo, o al menos es la sensación que me da cuando se pide la dimisión de un presidente por que su tesis no es tan brillante como la calificaron en su día. O cuando se sospecha de todo aquel político que ha comido con un comisario con cierto gusto por la grabadora. Dudo que muchos de nosotros pasasemos el listón si se publicasen nuestras conversaciones privadas. Cuánto menos sorprendente –que no negativo– después de haber estado más de dos legislaturas con un presidente sobre el que ondeaba la duda de si era o no M. Rajoy.

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