Columnismo

Buscando el sur

Inspiración

24.01.2018 @JPedrosa97 2 minutos

Burdeos se acuesta y se levanta estos días con una niebla cegadora que se acerca más a Silent Hill que a un sueño de la petit Paris. La humedad cala los huesos y empuja al interior calefactado de su morada a este escribidor con sangre mediterránea. La humedad del ambiente amarillea las páginas de los libros de Alcántara que me acompañan en mi búsqueda del sur. La presencia de la muerte es temática recurrente en los textos del maestro. Y ayer la guadaña se llevo al también poeta Nicanor Parra después de más de un siglo de agraciada existencia. El chileno nos deja algunos versos para el recuerdo y un incremento en sus ventas; "el poeta está ahí para que el árbol no crezca torcido".

Si algo tengo yo en común con Alcántara –además del amor por las letras– es que ambos somos más búhos que alondras. Dicen que las noches son para los artistas. Y yo me conformo con gozar de las musas de Manuel o de Nicanor. Alguien tendría que decirte cuando te enganchas a las letras que vas a quemar muchos de tus versos a la mañana siguiente. Peores son las noches en las que, simplemente, no eres capaz de unir siquiera dos estrofas. Tremenda decepción se llevó mi amigo Guillermo Garabito cuando se dio cuenta de que su nuevo Mac no escribía sólo. Yo tardé algo más en darme cuenta de que ni siquiera era fuente de inspiración. Mis amigos me recomiendan que me una a aquellos que buscan en Baco o Afrodita su dosis diaria de creación.

Cuentan que, cansado de perder las mejores historias en el olvido de un sueño, un conocido guionista decidió dejar una pequeña libreta y una pluma en su mesita de noche. Fueron varias mañanas las que se levantó habiendo olvidado la historia que catapultaría su carrera. Una noche se despertó sobresaltado. Encerró la idea en tinta negra sobre papel blanco, cerró el cajón de su mesita de noche y volvió a dormir con un sonrisa. Al día siguiente, mientras desayunaba, recordó aquella libretilla y su anotación, por lo que fue raudo a descubrir su gran idea. Con una caligrafía descuidada había apuntado "Chica se enamora de chico. Chico se enamora de chica". Lo que creía la mayor revolución en la historia de la narrativa resultó ser la idea más simple. Y bien podía haber sido "chica se enamora de chica" o "chico se enamora de chico"; el amor suele ser siempre la mejor historia. Los protagonistas son sólo el complemento.

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