Columnismo

Buscando el sur

La cara B

27.09.2017 @JPedrosa97 2 minutos

Celia Fuentes apareció la semana pasada colgada de la escalera de su casa con una sábana al cuello. Se había suicidado. No era la primera vez que lo intentaba. Confesó a su círculo más cercano que se sentía sola y que la vida que llevaba era sólo fachada. Cobraba hasta 500 euros por foto a las marcas que la contrataban. Representaba una vida de lujos y perfección que cualquier mortal querría tener. Pero era sólo fachada.

Las redes dan pie a que nos expongamos en exceso y a que valoremos únicamente la imagen. A no profundizar. Son una herramienta de comunicación valiosísima, pero que mal llevadas pueden provocar un cúmulo de errores insalvables. Por eso no he venido aquí a hablar mal de las redes. Sería muy hipócrita hacerlo desde un medio que se lo debe casi todo a Internet. Entiendo que desde el desconocimiento es muy fácil culpar al cuchillo del mal uso que le dan los asesinos, pero no es la herramienta la culpable del resultado final. En las redes hemos visto crecer imperios como Facebook y acabar con vidas de anónimos –les recomiendo encarecidamente  Arden las Redes de Soto Ivars–. Las redes nos han acercado a personas que tenemos a kilómetros y muchas veces nos alejan de las que tenemos a metros. Y no creo que el problema sean las redes sino las personas detrás de ellas. He leído muchas veces que el dinero no cambia a las personas, que magnifica su personalidad y mi teoría es que las redes funcionan igual. Prueba de ello es que cada perfil de Instagram es un mundo distinto. Probablemente lo que atormentaba a la pobre Celia no eran las redes, sino la presión de una sociedad que busca la perfección, al menos de fachada.

A las redes les debo más de lo que me han quitado: amigos, contactos, oportunidades, eventos y descubrimientos artísticos –el último Coco Dávez, que me encandiló–. Las redes me han traído también procrastinación, me han quitado horas de sueño y algún que otro disgusto. Pero sigo sin culpar al cuchillo de los cortes que me ocasioné cocinando.

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