Columnismo

Buscando el sur

La primera vez

14.06.2017 @JPedrosa97 3 minutos

Las primeras veces tienen algo especial que no tienen las siguientes, ¿no creen? Suelen venir acompañadas de ilusión, incertidumbre, sorpresa o alegría. Este fin de semana pude contemplar la primera vez de un niño de unos siete años. Me encontraba yo disfrutando de una tarde junto al mar en las Calas de Roche, en la localidad gaditana de Conil –de la que soy un enamorado confeso–. Para los que no conozcan la topografía del lugar les explicaré que a estas calas se accede por unas escaleras bastante empinadas y que unos acantilados hacen de linde y a su vez resguardan a los bañistas del viento que suele soplar en esas latitudes. Entre cala y cala hay zonas de rocas con algunos claros donde se sitúan aquellos que quieren estar más tranquilos y/o alejados de las miradas de los demás. A todo esto nuestro joven protagonista estaba dispuesto a pasar una agradable tarde jugando con las olas y la arena, una tarde más a juzgar por su tono de piel ya tostado a pesar de ser no haber llegado aún el verano. Cargado con una pala y ataviado con un bañador surfero su tarde discurría entre pequeños hoyos y algún chapuzón, hasta que de la zona de rocas aparecieron dos chicas completamente desnudas. Las muchachas iban a darse un baño, cosa que parecía imposible en la zona donde ellas estaban. En el momento en que entraron en su campo de visión el chico pareció ver bajar un extraterrestre recién llegado de Orión, abrió los ojos tanto como pudo y estuvo a punto de desencajar la mandíbula mientras tapaba con la mano que tenía libre la boca. Permaneció así cerca de un minuto, mientras las bañistas continuaban sus quehaceres sin mayor problema. Cuando el chico pareció comprender qué estaba pasando corrió a contárselo a su madre: “Mamá, mamá, esas dos chicas están desnudas, ¡abajo también!” Parece ser que ya estaba más que acostumbrado al topless, pero la braguita era algo imprescindible en su imaginario. No le contentaron demasiado las explicaciones de su madre cuando salió corriendo gritando: “Papá, papá, ¿¡has visto!? ¡Estaban desnudas!” O, simplemente quería compartir su hazaña con alguien más. No hace falta decir que era la primera vez que veía un cuerpo completamente desnudo en un sitio público.

El chico me recordó lo especiales que son las primeras veces. El primer día de universidad, el primer premio que te dan, el primer partido de fútbol, la primera vez que conoces a una persona que sabes que se convertirá en especial, la primera boda, el primer día de playa del verano, el primer amigo, el primer secreto que te cuentan o la primera vez que sales en la tele. Todas esas cosas que pierden un poco de magia a partir de la segunda vez, que dejan de hacer que te tiemblen las piernas y te cosquillee la barriga. Ya no te dejan esa sonrisa bobalicona que es imposible disimular. Ay, las primeras veces.

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