Columnismo

Buscando el sur

La tiranía del smartphone

11.11.2016 @JPedrosa97 2 minutos

La otra noche, mientras cenaba con unos amigos y disfrutaba de una agradable conversación, no podía dejar de mirar a la mesa de al lado. Un grupo de adolescentes que no eran capaces de levantar la mirada de sus smartphones. Seguramente estarían quedando con otra persona para la tarde siguiente, diciéndoles cuántas ganas tenían de conversar con ellos. Exactamente lo mismo que les dirían a sus acompañantes de esa noche. Una estampa lúgubre y triste. Me apena ver a gente de mi edad enganchada a un aparato electrónico, comunicándose con otras personas en vez de disfrutar de su compañía.

No voy a ser hipócrita, yo también he pecado de ese mal endémico en algunas ocasiones. Quién esté libre de pecado que tire la primera piedra. Para no faltar a la verdad diré que últimamente intento poner el móvil en silencio y sólo atenderlo si es importante. Es una falta de respeto hacia la persona que está invirtiendo su tiempo en ti. Su tiempo, que es lo más preciado que puede poseer alguien. Más si cabe si estás sólo con una persona, bien sea tu pareja, un amigo, un conocido, un familiar o un cliente. Da lo mismo, en ese momento nadie debería ser más importante para ti.

Pero eso no es lo peor. La peor parte llega cuando después de despediros suena tu WhatsApp. Es tu acompañante para contarte cuánto ha disfrutado la noche contigo (con otros, pienso yo), lo entretenida que ha sido la conversación (con quién la haya mantenido) y exclamar cuánto le apetece volver a quedar (con su teléfono y sus contactos, porque conmigo no considero que haya estado). En esas ocasiones, apago el móvil y comienzo a pensar en qué libro me voy a zambullir la próxima noche. Acto seguido pienso en los grandes amigos y familiares que aún quedan libres de la nomofobia y con los que puedo disfrutar de una grata conversación sobre ese último libro que leí, la última película que disfruté o, simplemente, del tiempo. Porque no hay nada mejor que reunirse en torno a una mesa y buena gastronomía y dejar en el bolsillo a nuestro pequeño amigo inteligente.

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