Columnismo

Buscando el sur

Noventa y dos folios pesa un máster

11.04.2018 @JPedrosa97 2 minutos

Mientras Cristina Cifuentes sigue sin recordar dónde dejó el dichoso Trabajo de Fin de Máster –estamos a la espera de que vaya su madre a encontrarlo con sólo asomarse a la bandeja de entrada de su correo–, una de sus profesoras dice tener grabadas las amenazas del director del máster si no cedía a participar en la patraña. Todos los que hemos pasado por la Universidad sabemos que no es una institución perfecta (cierto amiguismo, enchufismo, planes desactualizados, investigadores con cualidades pedagógicas poco desarrolladas, plan Bolonia...), pero la suponíamos ajena a estos escándalos más propios de la Marbella International University, si la hubiese fundado Gil, que de una universidad pública europea.

En esas está también Pablo Casado, que parece no recordar si fue a clase o no. Y no es por que se acuerde de la cafetería, las partidas de mus o el futbolín, como gran parte de los egresados, simplemente parece amnesia. Como primera prueba de que su máster es lícito sacó del baúl de los recuerdos su antiguo Nokia 331o (sí, aquel irrompible que todos hemos tenido o deseado tener) para sacar una foto a la pantalla de su ordenador donde a duras penas se distinguen sus calificaciones. Para después decir que en la URJC le convalidaron dieciocho de las veintidós asignaturas del máster (con todas sus letras para que puedan asimilarlo). Cuatro trabajos tuvo que entregar para que le concediesen el título –que como tantos otros no recogió–. Noventa y dos folios en total valen un máster, mira que los Erasmus tenemos famita, pero alguno más he escrito yo este año para que me convaliden mis asignaturas.

La que sí recuerda lo que firmó, o más bien lo que no, es la profesora Laura Nuño, subdirectora del Instituto de Derecho Público (entidad que gestiona el máster) hasta su dimisión en cuanto salió a la luz una rúbrica que dice no ser la suya en el máster de Cifuentes. Hasta ahora la única dimisión es de una profesora que ni siquiera está metida en el ajo y cuya única culpa es "no haber dado clase jamás a Cristina Cifuentes", en declaraciones a El Mundo. Con cada punto de este texto me acuerdo de los estudiantes de máster de la URJC, los que ahora tienen que pagar con desprestigio las malas prácticas de unos políticos que parecen atados a los sillones esperando que la cuenta corra a bolsillo de otro.

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