Columnismo

Buscando el sur

Papel mojado

30.12.2016 @JPedrosa97 2 minutos

Ayer, cuando iba a releer un artículo de Alcántara que tenía en papel —Alcántara es de los pocos que se mantienen alejados de la pantalla— no lograba encontrarlo. Al preguntar por él vi que mi madre lo había usado para envolver unos aguacates. Trágico final para tan genial artículo. Lo rescaté como pude y le di a cambio una hoja con el parte meteorológico. A diferencia de ella sí que comprobé que no se perdía nada relevante. Hay quién teme que sus artículos acaben envolviendo pescado, la columna de Alcántara sufrió un destino menos salado pero igual de triste.

Más tarde, mientras volvía a casa pisé sin querer varias hojas de un periódico que habían tirado al suelo y del que sus páginas habían volado. Sobre la sección de Cultura había defecado un can y su dueño no se había dignado ni a recogerlo. Dura metáfora del futuro del papel y de la prestancia de la cultura en nuestra patria. El papel está muriendo y es una pena. Somos la última generación que va a disfrutar pasando las hojas y cenándose los dedos de tinta. Al no iniciado en la prensa en papel le parecerá una locura lo que acabo de escribir. Pero todo aquel con afición a la reposada lectura dominical sabrá de lo que estoy hablando. Puede resultar irónico que suscriba esto en un medio nítidamente digital. Pero a un servidor le ahonda el temor de no llegar a publicar en papel por su desaparición. Un profesor de Periodismo nos decía el año pasado que la tablet es el futuro. Que él leía la prensa en el baño sin necesidad siquiera de bajar al quiosco. Que el modelo de Orbyt se debía imponer. El mundo lo está pidiendo, tenemos que dejar de consumir papel. Déjenme seguir disfrutando de él un poco más. Déjenme disfrutar de Alcántara en la contraportada de un diario Vocento, o de Raúl del Pozo en El Mundo. Déjenme seguir disfrutando de los suplementos dominicales y regocijándome al coger el periódico por la contraportada en vez de clicar sobre Opinión. Déjenme seguir manchándome las yemas de los dedos de tienta, aunque sólo sea por nostalgia al periodismo que una vez fue y ya no volverá a ser.

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