Columnismo

Buscando el sur

Recuerdos

21.06.2017 @JPedrosa97 2 minutos

Una cena familiar en torno a una silla. Un toma, pero que no lo vean tus padres. La primera visita cuando vuelvo a casa. El Diario Sur esperando sobre la mesa del salón brindándome a Alcántara cada vez que paso. Un “ten cuidado” antes de irme. Un “¿pero cuándo te vas a ir a Francia entonces?”. Una mirada preocupada cuando le cuento mis próximos destinos. Un “tú disfruta ahora”. Una gorra descansando en la espalda de una silla. La memoria viva de todos mis logros. Un “no te preocupes, no va a pasar nada, yo estoy aquí” cuando el alma se parte por una pérdida. Un cumpleaños en Navidad con una vela menos. Los almuerzos de lunes a viernes cuando era un niño. Las tardes mirando la tele y compartiendo sofá. Las preguntas inocentes de cuando era niño. La foto que preside mi mesita de noche. La sonrisa orgullosa la tarde de mi graduación. Los “bueno ya está, déjalo” cuando me regañaba mi madre. Algunas de las horas más felices de mi niñez. Las visitas a Tarifa y a su Virgen de la Luz. Mi último pensamiento cuando estoy lejos antes de dormir. El primero antes de que despegue el avión. Un “¿ya te vas?” aunque lleve allí toda la tarde. Una manera de ver la vida como mejor herencia. Unos valores como regalo.

El cariño de un puchero recién hecho. La curiosidad por la tecnología. Una mirada transgresora e impropia de su época. Un sueño roto por el tiempo que le tocó vivir. El amor por las letras. La resistencia a envejecer. Las memorias de sus viajes. La sobriedad y la elegancia de Sevilla. La alegría y la generosidad de Málaga. Los “niño, explícame esto”. El gusto por la buena comida. Las sobremesas interminables bajo su dirección. El centro de todas esas fotos que tan poco le gustan ahora. La añoranza de todo tiempo pasado que pudo ser mejor. La entrega total y absoluta a una familia. El rosario de la tarde. El temprano desvelo de los quehaceres. El consejo más sabio. La lectora más orgullosa. El mecenazgo de mis lecturas más tempranas. El olor a pescado frito de los martes. Las piernas cansadas de una vida en pie. Nunca de rodillas. La preocupación de sus ojos por sus consanguíneos. Dos generaciones a sus espaldas.

Estos son mis abuelos. Estos son mis recuerdos. Esta es mi forma de darles las gracias. Por estar cuando nadie más estuvo. Por ser mi faro en los días nublados. Mi brújula cuando estaba perdido. Por apoyarme incondicionalmente. Por ser los primeros en celebrar mis logros. Gracias.

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