Columnismo

Buscando el sur

¿Son las imágenes inocentes?

11.03.2016 @JPedrosa97 3 minutos

El miércoles veíamos como Juan Carlos Monedero escribía este tuit, indudablemente molesto, alegando que El Huffington Post no había sido objetivo. La directora de este medio digital le respondió que era para que se visualizase que le estaba “echando una bronca” a Garicano. Todos sabemos que el Huffington Post tiene una línea arriesgada y polémica, nadie lo pondría como ejemplo de prensa de referencia; aún así, el ejemplo sirve para cuestionarnos sobre el lenguaje y la imagen en el periodismo.

Los fans del político, que bien podría vivir en otra época por su vestimenta, hicieron que ardieran las redes. Muchos criticaron ferozmente al medio tachándolo de subjetivo -¿cuál no lo es?- otros hicieron alarde del humor que nos caracteriza alabando la belleza del podemita. El político de gafas redondas y chaleco (solo le falta el sombrero de copa y el reloj de bolsillo para protagonizar alguno de los cuentos de Lewis Carroll) conoce los medios al dedillo –como todo su equipo- y sabe el flaco favor que le hicieron con esa imagen agresiva –quién diría que fue el mismo que insinuó que su homólogo naranja consumía drogas antes de los mítines-. Él sabe mejor que nadie que sufre una campaña de acoso y derribo -para algunos insuficiente, para otros excesiva- y que esta no será la última vez que salga mal parado en el lenguaje empleado en una noticia, el lenguaje no es inocente y mucho menos las imágenes.

La formación morada sabe que le ha tocado bailar con la más fea y así seguirá siendo, y prometen no dejar indiferentes a nadie con sus pasos, estás con ellos o contra ellos en esta batalla. Deberán bailar como solía hacerlo Muhammad Ali sobre el cuadrilátero si no desean acabar siendo el saco al que golpeen hasta ser noqueados. De momento, están corriendo mejor que nadie en la Carrera de San Jerónimo. Tienen una campaña de marketing impecable en la que cada movimiento está estudiado al milímetro, desencadenando un efecto mariposa en el que controlan cada ficha sobre el tablero. Son capaces de reponerse de cualquier envite de sus rivales políticos, si Rajoy no va al debate a cuatro, Iglesias acapara la presencia en redes con sus gazapos en inglés. ¿Qué Super Sánchez armado con su traje intenta pactar con naranjito? No hay problema, el cariño de Iglesias y Domènech inundan las portadas de los digitales. Si es necesario usar bebés, tampoco es un problema, ya lo decía el genio de la provocación Dalí, “que hablen bien o mal, lo importante es que hablen de mí”, esta teoría ha sido recogida por otros provocadores como Risto Mejide y su Annoyomics en el que divulga el “arte de molestar”. Ellos lo han tomado al pie de la letra y parece que de momento no les va mal.

¿Conclusión? Monedero no debería estar enfadado, que se hable de él es lo mejor  que le puede ocurrir a su partido, aunque ni las palabras ni las imágenes sean inocentes, los políticos tampoco.

 

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