Columnismo

Buscando el sur

Todo lo que el dinero nunca pudo comprar

13.05.2016 @JPedrosa97 2 minutos

La otra tarde estaba merendando sentado en una terraza, mientras disfrutaba de una malagueña -es un tipo de bocadillo-, cuando llegó una madre con su hijo y la abuela de este y se sentaron en la mesa de al lado. La curiosidad hizo que no pudiese dejar de escuchar la conversación que mantenían:

-Madre: Vamos a pedirle un novio a la tita Mari un novio, ¿vale? Que sea guapo, rico (mientras se frotaba las yemas de los dedos), con un buen trabajo…

-Abuela: Y que lo quiera mucho.

-Madre: ¡No, no, eso da igual! ¡Rico, tiene que ser rico!

En ese instante deje de escuchar la conversación y empecé a cuestionarme cuáles son los valores que le inculcamos a nuestros hijos. Yo, que lo último que creía que era real y ajeno a la perturbación de la sociedad en la que vivimos era el amor me llevé una decepción. Yo, que creía que lo único que nos iba a salvar era el sentimiento más puro que nos quedaba, perdí un poco más de esperanza en la sociedad. ¿Qué fue de aquel tiempo en el que el amor movía montañas? ¿Qué fue de aquella época de caballeros y damiselas en la que lo único que importaba era el amor que se profesaban dos personas? ¿Qué fue de los Romeos y de las Julietas? ¿Los compró El Corte Inglés mientras creaba San Valentín?

Añoro ese tiempo en el que uno se pasaba las horas mirando las (musa)rañas mientras su cabeza estaba esperando el próximo momento en el que disfrutar de su compañía. Echo de menos aquellos tiempos en los que te sentabas sobre un mantel de cuadros con ella,  daba igual si en un parque, en la playa o en la montaña, y las manecillas del reloj se paraban conscientes de la importancia del momento. Instantes en los que los únicos actores secundarios eran los pajarillos  que ponían la banda sonora.

Me niego a pensar que el amor verdadero forma parte del pasado, me niego a pensar que el capitalismo lo compró, llamadme romántico, anticuado o utópico si queréis, pero el amor es lo único por lo que merece la pena seguir creyendo en la humanidad. Es lo único por lo que volverse loco, porque amar es la mayor locura, a no ser que se ame con locura.

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