Columnismo

Buscando el sur

Un brindis por...

08.04.2016 @JPedrosa97 2 minutos

Comida familiar; todos reunidos en torno a una gran mesa; una deliciosa comida llena -aunque sea por poco tiempo- los platos, y una lista de temas a no sacar (véase política, fútbol, religión, etc.). No, aunque pueda parecerlo hoy no vengo a hacer la típica crítica manida al cuñado de turno, es más, ni siquiera vengo a criticar nada. El centro de este artículo va a ser el mismo que el de todas las comidas familiares, los abuelos.

Sé que, por desgracia, no todos contamos con la suerte de poder disfrutarlos aún con nosotros. Y esa es una de las mayores desgracias por las que tenemos que pasar. Todo aquel que, como yo, tenga la suerte de poder seguir disfrutándolos sabe de lo que hablo. Aquel que no tiene esa suerte, estoy seguro de que, al menos una vez al día, los recuerda con añoranza en los ojos. Porque los abuelos deberían ser para toda la vida. Esas personas que desde su juventud han menguado algunos centímetros, pero que sus experiencias han ensanchado su alma. Aquellas personas con las que puedes pasar horas escuchando historias de las que no te cansas. Con los que seguramente pasaste más tiempo en tu niñez. Para muchos, unos segundos padres que están ahí siempre y que siempre estarán aunque falten a nuestro lado. Hoy escribo estas líneas porque creo que le decimos poco a nuestros abuelos lo importantes que son en nuestro día a día, nos suele pasar con las personas que queremos, entendemos que ellos ya lo saben, pero nunca está de más repetirlo.

Entiendan que se me llenen las letras al tratar este tema, o que no me lleguen a salir las palabras, espero que me entiendan. Lo sencilla que parece la felicidad en esos momentos rodeado de los tuyos en una mesa presidida por los abuelos. Tan simple y tan complicado, como todo lo que de verdad merece la pena en esta vida.

Aquellos a los que las distancia o el tiempo se lo permita, corran y denle un gran abrazo a sus abuelos, los que no sean tan afortunados, acuérdense de ellos entornando una sonrisa en los labios y, si no pueden contenerse, con una lágrima corriendo por su mejilla.

Etiquetas, , , ,
Artículo anterior Artículo siguiente