Columnismo

Buscando el sur

Un post en Facebook no es suficiente

26.02.2016 @JPedrosa97 3 minutos

Hijos de una sociedad hipócrita de por sí, cada vez que leemos una nueva noticia sobre bullying inundamos nuestras redes sociales con posts sobre lo mucho que nos indigna o la pena que sentimos. Pero, una vez más, la imagen que queremos reflejar no se corresponde con la realidad. Aquellos que escriben en Facebook son los que cuentan -orgullosos, por supuesto- como les daban collejas a un compañero o como lo ridiculizaban sin ningún estupor ante el aplauso al unísono de sus compañeros.

No les culpo, son el resultado de una sociedad sin escrúpulos ni valores, en la que para ser alguien o te haces valer o por la ley del más fuerte o tienes un padrino que ya lo haya hecho. Así, no es de extrañar que el patio del colegio se convierta en la sabana, dónde el león más fuerte es el que dirige la manada. Todos conocemos la solución al problema, debemos extirpar el tumor que suponen los padres perezosos, los que llevan a sus hijos al colegio para que les den la educación que no reciben en sus casas. Es necesario actuar si no queremos que la metástasis acabe con la parte sana del organismo social al que aún pertenecemos. El que hace bullying se comporta como un parásito, vive de su víctima que sabe débil, aquel chico tímido y con baja autoestima que le pueda servir de trampolín para escalar en la pirámide social del patio de recreo, son auténticos carroñeros sociales.

En parte, llego a entender que los niños no llegan a ser conscientes de las consecuencias de sus actos, son sus padres los que deben cuidar y vigilar que sus retoños sean respetuosos con los demás. Y no solo los padres, muchas veces otros adultos son testigos de acoso y no hacen nada, incrementando así la bola de nieve, en la que el acosador ahora se da cuenta que sus actos no tienen repercusiones negativas.

El problema es aún más preocupante cuando vemos que en la adolescencia -con conciencia plena de sus actos- la historia se repite, con más crueldad si cabe. Y en este punto deberíamos preguntarnos si no estamos creando auténticos monstruos. Seres que se muestran indiferentes e incluso disfrutan al ver sufrir a uno de sus iguales, o lo que es aún peor disfrutando al hacerlo sufrir él mismo. Esta es la señal más clara de la necesidad real de un cambio educacional y social. Un post en Facebook no es suficiente.

Seriamente, les invito a reflexionar sobre si son o han sido cómplices de hecho similares, o si, simplemente, han dejado que hechos como los descritos sucediesen. Les invito también a hacer un ejercicio de empatía, a ponerse en la piel de ese chico, o de esa chica que todos los lunes tiene gripe, que en el autobús mira por la ventana con un nudo en la garganta, clamando al cielo algo de paz.

Bullying, moving, da igual como lo llames si acaba apagando el brillo en los ojos de un niño.

 

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