Columnismo

Buscando el sur

Un problema de prioridades

07.10.2016 @JPedrosa97 2 minutos

De vez en cuando me gusta ir a una cafetería o a un bar y poner el oído para ver qué temas le importan a la gente de a pie, a los no iniciados en la profesión periodística. Ayer en la cafetería el monotema era el vídeo que se ha vuelto viral de dos jugadores del Eibar teniendo sexo con una mujer. Nada que no pueda pasar un día cualquiera sin que los protagonistas del video sean conocidos. Enrich y Luna, los jugadores en cuestión, estuvieron prestos a la hora de disculparse por haber podido dañar la imagen del club o tener que ser un referente para los niños. Algo que no termino de entender. Y más cuando hago memoria y recuerdo que Benzema, ariete del Real Madrid, aparece en un video de un conocido rapero francés en el que no se deja de hacer apología a la violencia y cuya letra es soez. Y no leí ninguna disculpa por su parte, ni se armó tanto revuelo. Y eso que Benzema es muchísimo más conocido que los dos jugadores del modesto Eibar.

No logro comprender por qué se deben pedir disculpas cuando se filtra un video sin consentimiento de estos jugadores en el que se ve algo natural y no por uno rodado profesionalmente para ser difundido a un público mucho más amplio y con contenido violento.

Tampoco entiendo por qué este video daña la imagen del Eibar, o puede dañarla, pero el videoclip en el que aparece Karim no daña la imagen de un club como el Real Madrid que se jacta de ser un club señor.

No entiendo por qué las películas por tener un desnudo o una escena explícita pueden llegar a tener una restricción por edad más alta que una con contenido violento o con lenguaje soez. No es cuestión de si es necesario pedir disculpas o no por la filtración del video en cuestión. Lo que quiero plantear con este texto es por qué tenemos más normalizada la violencia que el sexo. Por que es más fácil ver en el cine un arma que sexo, cuando es la primera la que acaba con las vidas que se crean con el segundo. Y me temo que esto seguirá siendo así muchos años más. Seguiremos idealizando a Pablo Escobar mientras fustigamos a Amarna Miller. Y seguiremos inflando nuestro pecho para decir que vivimos en una sociedad avanzada.

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