Columnismo

Café solo

Columnismo, lengua y literatura

30.04.2016 @suvi 2 minutos

El columnismo puede ser una profesión viciosa: un trío entre periodismo, lengua y literatura, mancillado por quienes no somos periodistas. El columnismo es sexo con pasión. Un hatajo de firmas promiscuas con las palabras. En esta profesión, como en ciertos placeres, es imprescindible saber usar la lengua: practicar sexo oral con el léxico, la gramática, la morfología, la sintaxis y la fonética para provocar una eyaculación de literatura sobre cada columna. 

También es sexo con amor. Enamórense. Sean felices. Sufran, todos sufrimos. Hagan que las palabras obedezcan. Dijo el profesor Attilio de Giovanni en su clase de poesía. El columnismo como literatura es erótico. Romántico y erótico. Susurrar cada palabra al oído del lector. Acariciar sus párpados cansados al terminar. Escribir es derramar los sentimientos en negro sobre blanco. Poesía disfrazada de prosa, como el lobo feroz de abuelita dispuesto a comerse a Caperucita. Tener una cita a ciegas con cada palabra, hasta encontrar la media naranja. 

Un ejercicio de catarsis de la antigua Grecia. Vomitar las pulsiones. Decantar el pensamiento. Un vino envenenado que se sirve en la copa de un político de la antigua Roma. Denunciar la injusticia. La voz en off de una narración. Terapéutico, para el emisor y para el receptor. Un escritor que practica el onanismo ante el folio en blanco. Un intento de provocar un orgasmo en los lectores. La actualidad, infiel a la información, al acostarse en la cama de su amante: la opinión.

 

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