Columnismo

Café solo

Lugares infames

14.05.2016 @suvi 2 minutos

Madrid me enamora en cada ocasión que la visito. Cada verso de un poeta es un trozo de un corazón roto. La pasión  —los desordenes de nuestras emociones— es la tinta con la que escribimos. Madrid acelera los latidos de mi corazón. Madrid también es musa. Madrid es la tinta.

Madrid me evoca buenos recuerdos, de noches de cervezas y risas con amigos. Siempre en los peores antros, porque «a veces, los peores antros, a las peores horas, están llenos de la mejor gente» —grande, Ismael—. Pero Madrid también está lleno de chicas modernas y guapas y cuando te cruzas con una de ellas es imposible no mirarla a sus ojos azules y enamorarse. Ocurrió en el barrio de Malasaña: calle San Joaquín, número 3.

Libros y vinos. Con conjunción copulativa. Tipos Infames: sexo entre caldos y literatura. No acertaría si dijese que es una librería donde sirven vinos, ni una vinatería donde venden libros. En Tipos Infames el vino se marida con literatura.

Me siento en un taburete junto a la barra. Es temprano y pido un café solo y sin azúcar. Un chico está comprando el nuevo libro de Juan Tallón: Mientras haya bares. Yo lo paseo en mi bolso: aún no lo he empezado a leer. Acabo mi café y recorro las estanterías leyendo los títulos de los libros. Insipiente de la mayoría de autores, ante tan buena selección, es difícil decantarse por uno. Escondido, esperando a que yo lo encontrase: Irse a Madrid de Manuel Jabóis. Hay libros que titulan tu vida. Continúo recorriendo las estanterías hasta llegar a Mis páginas mejores, una antología de Julio Camba. Outros dous galegos ao bolso.

Regreso a mi asiento. La mañana se ha ido y es medio día. El local se empieza a llenar. Los modernos madrugamos poco. Pido un vino. Blanco: de Madrid: Bailarina. Entonces ocurre la magia: el maridaje que se prometía. Los detalles empiezan a abrumar mis sentidos. En las paredes blancas conviven las texturas más lisas con las más toscas. Vigas de madera. Una barra ¡Una librería con una barra! Una chica pide un vino. Otra chica, agua con gas.

⎯ ¡Un Campari!
⎯ ¿Con un golpe de sifón?
⎯ Sí, por favor.

Sorbo a sorbo, palabra a palabra, me enamoraba de una chica moderna de Madrid y empezaba a escribir esta columna.

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