Columnismo

Café solo

Siempre hay una primera vez

28.05.2016 @suvi 2 minutos

Hoy se juega la final de la Champions. El Atlético de Madrid contra el Real Madrid.  La misma final de aquella Copa de Campeones del 15 de mayo de 1974, en Bruselas, del Atlético de Madrid contra el Bayern Múnich. La misma final de aquella Champions del  24 de mayo de 2014, del Atlético de Madrid contra el Real Madrid. A la tercera va la vencida. Siempre hay una primera vez.

No soy del Atleti desde chiquitito. Me hice del Atleti cuando me mudé a Madrid, cuando viviendo en los aledaños del estadio Vicente Calderón; pude entender lo que significaba ser colchonero, indio, rojiblanco... No soy un forofo del fútbol. «El fútbol es fútbol» —que dijo Vujadin Boskov. Aunque, sí he sido muy forofo.

Siendo un niño, lloré con la manita del Racing de Santander al Fútbol Club Barcelona, porque mi padre me dijo que la culpa era mía por tener un pijama con rayas verdiblancas como los colores del Racing. Me tuve que poner de pie para ver el penalti del 7, de Raúl, en la Eurocopa de Bégica contra Francia. Son dos momentos que quedaron grabados en mi memoria, pero me comía las uñas en cada partido.

De mayor he aprendido a disfrutar del fútbol. El partido de esta noche es una final nada más. De 90 minutos —bueno, unos minutos más; porque, hace dos años, hasta el 93 creí y el 94 nos robaron la ilusión—. No estoy nervioso. Me pondré nervioso justo antes del partido: cuando estemos en el bar con las camisetas, las bufandas, los amigos y las cervezas. Fútbol es eso. Hasta entonces el fútbol es un negocio, pero cuando pides la primera ronda, el fútbol se convierte en deporte, en amistad, en risas y en llantos; con los amigos, en los bares, en el campo o en casa con tu padre.

En la final de hace dos años acabé sentado en el suelo de una plaza de Madrid, bebiendo cerveza de lata, llorando y fumándome un puro. Era el puro para celebrar la victoria, pero sirvió para consolar el cabezazo que nos dio Ramos. Hoy no estoy en Madrid y no he comprado puros. Habrá cervezas y habrá lágrimas: de alegría o de tristeza. Hoy voy a disfrutar del fútbol como si jugara yo el partido; porque en una final española de la Copa de Campeones le gustaría estar hasta a Piqué.

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