Columnismo

Crónica de un fracaso

06.11.2017 @joaquinfdez_97 3 minutos

La tarde del 27 de octubre fue un punto de inflexión. Sucedió lo que estaba predestinado a pasar tras el esperpento que fue para todos el referéndum del 1 de octubre: una DUI escrita en nombre de la voluntad de un sector de la sociedad catalana a la que se permitió hablar en nombre de todos los catalanes. Solo para dar pie al que ya es el episodio más triste de nuestra democracia y acentuar aún más la fractura social.

La imprudencia de lo que nunca debió pasar acompañada de la irresponsabilidad de un Gobierno que no supo ver un problema, y como consecuencia de ello, no se pudo tomar una solución más pacífica para todos. Y cuando se llega tarde, cuando una situación es límite, la respuesta también es límite: la intervención de la autonomía de Cataluña a través del artículo 155 de la Constitución. No es la mejor opción, su aplicación no es motivo de aplauso ni de celebración como se vio por parte del PP en el Senado pero la única opción pasaba (y pasa) por confiar en nuestro Estado de Derecho.

Desde los partidos de izquierdas, tanto PSOE (a través del PSC) como Podemos, se instauro el “buenismo” político pidiendo diálogo, quizás sin tener en cuenta que un diálogo bajo unas condiciones preestablecidas por una de las partes no es un diálogo, porque cuando se habla de dialogar es igual de importante saber cuándo, cómo y con quién hacerlo.

Por otra parte, Ciudadanos ha sabido aprovechar su liderazgo en la oposición de Cataluña para mover a la mayoría silenciosa y con Inés Arrimadas desempañando un papel más que notable cada vez que al Govern le daba por abrir el Parlament. Probablemente haya sido el partido que que más ha apelado a la unión desde el marco constitucionalista pero a su vez, ha pecado en ocasiones de estrategia política cuando el momento no invitaba a ello.

Mientras tanto, Podemos ante una situación en la que el nombre de los partidos debe quedar relegado por la altura de estado, en la que volver a la legalidad y restablecer el orden constitucional debe primar por encima de la las diferencias y las críticas entre formaciones, ha dejado en evidencia que su única ambición es estar por encima de todo y de todos, que les importa más el insulto al ciudadano que con una bandera pretende manifestar la unidad territorial o llamar totalitarios a los que quieren aplicar el seny en Cataluña. ¿Quién puede proponer un referéndum pactado bajo las condiciones de una parte? A nadie le gusta la violencia, nadie celebra esta situación pero tampoco es viable una propuesta que puede implicar la ilegal autodeterminación de un territorio. Para finalizar con la imagen de un partido confundido con integrantes que se saltan sus bases y defienden la república del nacionalismo que ha querido romper España. Ante los problemas, soluciones, pero primero realidad.

Por último, no es bueno tender a confundir lo político con lo jurídico. La justicia no juzga un problema social, no le corresponde solucionarlo. La justicia juzga delitos de ciudadanos irresponsables. La aplicación de la justicia es la consecuencia de la causa indeseable de aquellos que pusieron en marcha el procès. 

Incluso llegar a cuestionar la puesta inmediata en prisión de la mayoría de los miembros del Govern, no es razón suficiente como para entender que las decisiones judiciales agravan problemas sociales. A lo jurídico lo que es jurídico y a lo política lo que es político, igual que al César lo que es del César.

En definitiva, y aún sabiendo que aún queda lo más importante y lo más difícil: atenuar la fractura social, es palpable la tristeza y la decepción que en el fondo ha supuesto este proceso donde nadie ha llegado a estar a la altura de un problema que llevaba esperando una solución mucho tiempo. No hemos llegado a tiempo y lo que ha venido después no debe maquillar este fracaso. El resto ya es historia.

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