Columnismo

Cuando los problemas de alcoba se vuelven públicos

18.05.2018 @RubenKaki 3 minutos

“Si buscas venganza, cava dos tumbas: la de tu enemigo y la tuya”. Acto seguido avanzas por el pasillo, a paso lento, entre la lúgubre luz de una lámpara que ya sea por falta de energía lumínica, o por hastío de tener que trabajar a tan altas horas de la noche no resplandece tanto como debería hacerlo. Te dispones a tumbarte y relajarte. Frotas los dedos de tus pies, ateridos del frío, intentando que entren en calor. Todo el mundo sabe que no se puede alcanzar la fase rem del sueño si te tocas el tobillo con el dedo gordo del otro pie a menos 34 grados. Por dios, es preferible arder en las llamas del purgatorio antes que eso ocurra.  Por lo menos se estaría más calentito.

Click. Y esperas. Click. “Maldita sea, está escacharrada esta mierda?. Click con más brío. “Un día de estos la tiro por la ventana”. Click. Click. CLICK. Y ese último click viene acompañado de un zarandeo y un golpecito en el reverso del mando. Esa típica manía –probablemente española, probablemente universal– de golpear algo que no funciona para que, paradójicamente, funcione y no se averíe más. Y como la magia también aparece en casa propia como lo haría en una función de David Copperfield, el mando funciona. Y la pantalla se ilumina.

Sorprendida, fiel a tus principios y finalmente airada. Esas eran las fases que experimentó durante una semana. “Por dios, ¿por qué todo el mundo cree que soy culpable cuando yo pienso qué soy inocente?” Se rompió tu máscara de realidad, querida. Y con ella, el honor. Pero el honor no era lo único que se perdería por el camino como el pen-drive que salta de tu bolsillo mientras vagas cual zombie al trabajo.

El fuego iluminador de la televisión reveló su silueta. En formato cámara de seguridad. “No puede ser…” Y claro que podía. Crema por aquí, crema por allá y tralarí que tralará el guardia de seguridad te tenía cazá. Ahí venía. Ese cóctel removido por la cuchara de la vergüenza ajena tenía una última incorporación: su dignidad.  El honor te lo quitan (y lo puedes o no recuperar), la dignidad se pierde…y se perdió. Sin más.

Pero cómo no perder algo que escasea en la charca azulona de la política. “Si buscas venganza, cava dos tumbas: la de tu enemigo y la tuya” Bien podría haberle regalado ese consejo a Cifuentes un capo de la Costa Nostra, pero para qué recibir ayuda extranjera. ¡No lo hacen con los refugiados y lo van a hacer con estos! Granados tenía la obligación moral –moral laxa- porque el entiende del tema. El tenía facturas falsas de la financiación del PP en Madrid. Él tiene experiencia. Él, sin duda, sabe como va el negosito

Y en las mafias, como en algunos partidos políticos, lo peor no es tener enemigos. Lo peor es hacerles daño…porque la venganza siempre se sirve en un plato frío. Esperemos que Pablo Casado no haya dejado un reguero de enemigos tras las 12 asignaturas que aprobó en cuatro meses justo después de conseguir el escaño. Ni un vídeo de una cámara de seguridad que pueda ser guardado en un cajón.. Esperemos que siga el consejo de Granados, y no se alcen velas negras para otro velatorio institucional.  Porque como decía la canción: “Hay que hacerle caso a la gente que entiende del bajo mundo”

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