Columnismo

De mediadores y mediados

07.10.2017 @saxofonator 3 minutos

Cuesta referirse a España como unidad para inmediatamente destacar la gran brecha que ya separa a Cataluña del resto de la Península. Me imagino a los habitantes de Torrente de la Cinca (por decir uno de tantos pueblos fronterizos) o de la tristemente conocida localidad de Alcanar observando cómo ante sus ojos nace ese muro imaginario, administrativo y delineante, que es poco romántico, y no siempre emblema democrático.

Me imagino, también, al dichoso mediador que tanto quiere la hiprogresía nacional quedando; Puigdemont a un lado y Rajoy a otro, en el área de descanso que separa el pueblecito aragonés de Fraga (ya es casualidad, vaya) con el de Soses, ya en Cataluña. Es la típica zona de avituallamiento del viajero: una Cepsa, un pequeño establecimiento donde comer en bandejas y cuatro mesitas de picnic rodeadas de abetos que tratan, en vano, de hacer sentir al usuario como si no estuviera en mitad de la nada.

Allí comerían sándwiches envasados y expendidos por máquina automática, rodeados de camioneros de todas nacionalidades y familias enteras que hacen uso, día tras día, del ficticio Corredor Mediterráneo que de momento tenemos. ¿De qué hablarían? Dado el espesor que ha demostrado el gallego y la tozudez herética del catalán, no me extrañaría que el principal tema de debate fuera qué hacer con el Barça.

Así funciona este país (vuelvo a referirme como unidad): que no se jugara el Barcelona – Las Palmas eclipsó la sobremesa del domingo secesionista. Las televisiones cortaron sus programaciones el miércoles para comprobar en directo cómo Piqué se tropezaba ideológicamente consigo mismo, e Iniesta fue trending topic el jueves por pedir diálogo y paz. Ese mismo día, en un matinal televisivo, se preguntó a Manolo el del Bombo su opinión sobre el tema, bajo el rótulo “Mediación en Cataluña”. Chistes en Twitter que dicen que el único mediador debe ser Puyol. Comentarios al margen, dichos muy en serio, que argumentan por qué Nadal, los Gasol o Ferran Adrià han nacido con esa misión. Saliendo del deporte, he llegado a leer que Pérez Reverte o Revilla están capacitados para mediar.

Mientras la España bajo los efectos mediadores, la mediada, busca un mesías, un Luther King, retuitea y se cree memeces, como que el Gobierno central está tratando de convencer a la Iglesia para que ayude con un supuesto diálogo. Miles de impactos y de impresiones que son imposibles de encauzar hacia la cordura.

Si hay algo que ha triunfado en este proceso prebélico es la mentira como arma. Desde muertos civiles hasta muertos de los cuerpos policiales, imágenes de hace años, datos totalmente inventados y, sobre todo, la opinión de meros testigos, como tú y como yo, que pesa mucho más que las opiniones y decisiones de los líderes políticos, únicos responsables de lo que está sucediendo en nuestro país.

Así que ya saben: si por un casual leen la noticia de que Puigdemont y Rajoy están comiendo sándwiches con un mediador (llamémoslo Señor X) entre Fraga y Soses, no se lo crean. Y no es por lo ridículo de la situación, sino porque cuando no hay nada de qué convencer, de nada sirve discutir.

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