Columnismo

El daltonismo español

17.02.2016 @antmendezp 4 minutos

...Nace en las Indias honrado,
donde el mundo le acompaña;
viene a morir en España,
y es en Génova enterrado.
Y pues quien le trae al lado
es hermoso, aunque sea fiero,
poderoso caballero
es don Dinero...

Estos versos de Quevedo ya avisaban y quien avisa no es traidor…

Somos unos intolerantes, quien ha visto liar semejante escándalo por un poco de dinero valenciano, y algo de madrileño puede que también. Como si ese dinero fuera nuestro. Si me dijeran que es alguien que no declara un contrato de alquiler de 300 euros, entendería a la perfección que recayera sobre tal fechoría todo el peso de Hacienda. Ya saben ustedes. Esa Hacienda, que somos todos, algunos más que otros, sino que se lo digan al Sr. Puyol. Pobre hombre, de verdad. A su edad llamándolo a declarar, amenazándolo con ir a la cárcel, con la prensa persiguiéndolo al salir de su pequeño y humilde hogar. Unos intolerantes, lo que digo yo.

Y todo esto, culpa de Rajoy. “Váyase acostumbrando a la calle” le advirtió ya Sánchez, “porque es a donde le van a mandar a partir del año 2015 a usted” (normal que luego no le quiera dar la mano). Stop desahucios señor Secretario General del PSOE, por favor. Ah no, espere, que Rajoy es casta. Tanto populismo que ya no sé diferenciar. Rajoy a la calle y tú presidente, Pedro, de nada. Celia Villalobos, mientras tanto, protagonizando anuncios de loción desparasitante. Y Aguirre que la acompañe ahora que tiene más tiempo libre.

En este sinsentido en el que vive la sociedad, el otro día pagué 5 millones por una entrada... ¡Y me la dieron en el gallinero! ¿Se lo pueden creer?. Menos mal que, con diálogo y consenso, se consigue arreglar todo en este país. Por lo menos en cuanto a la posición de las sillas  se refiere, que es lo importante, ¿no?.  Además, ya podemos llevarnos al bebé de mi tía, que desde tan atrás no veía...

Menos mal que el estado político actual no es perenne. Estamos en transición. O necesitamos un gobierno de Transición, o Rivera es el nuevo Suárez (el presidente de la transición), o algo así. La verdad es que lo único que me quedó claro de su discurso fue lo de la transición. Ésta presidida, como es lo ideal, por uno de los partidos del neo-turnismo.

Así la situación. Algunos quieren hacer una ensalada, consecuencia sin duda de la adicción televisiva a la ingente cantidad de programas gastronómicos que existen. El reto es complicado, les invito a jugar. Tenemos 90 gramos de tomate, pero con eso no basta. Unos dicen que le echemos 69 de remolacha, aun a riesgo de que dejen sin su esencia a los tomates. Pero claro, entonces los 40 gramos de ralladura de cáscara de naranja se hacen incompatibles con nuestra ensalada, o eso dice “naranjito”. Además no queremos alimentos que no integren su sabor con el resto. Por no mencionar que las gaviotas se comen 123 gramos. ¡Y nos tiene que quedar para gobernar!

Si consigue alguno de ustedes hacer la ensalada les pido que llamen al Congreso de los Diputados urgentemente. Pero, a no ser que hayan descubierto nuevas reglas aritméticas o en el doctorado de Economía enseñen secretos para pactar, el cambio es muy difícil que se de, por lo menos sin antes volver a votar.

Realmente percibo que, por mucho que escuche la palabra “cambio”, la única variación que puedo llegar a vivir en estos tiempos es el cambio de país. Debido a mi situación (andaluz y universitario) la sociedad me trata de una manera completamente injusta, me privan de mi derecho democráticamente inconstitucional de decidir si me quiero separar de España. A mí, directamente, me dan el billete de avión para Alemania.

Espero que allí, y sobre todo aquí, la violencia se condene como lo que es, lo peor que tiene el ser humano con indistinción de quién la realice. Que todos defiendan la unidad, la igualdad, la fraternidad y el bien común, a pesar de que esto implique sentarse en alguna silla menos cómoda. Que los adultos no se porten como niños y pataleen cuando no consiguen lo que quieren.

Espero que se vuelvan todos daltónicos y no quieran distinguir entre rojos, azules, naranjas o morados, que solo vean una línea amarilla entre dos rojas encerrada. Solo espero que, de una vez por todas, empecemos a pensar en lo mejor para España. Y que seamos intolerantes con todo aquel que no lo haga.

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