Columnismo

El estafermo y los bárbaros

24.05.2016 @cristobalvs 5 minutos

Por Presidente del Gobierno, un estafermo, de tal consevador arriolismo cuya máxima es ver pasar el cadáver del enemigo por la puerta de casa, o de la Moncloa, mientras aspira sosegado el humo del habano y masculla entre dientes: “Ganaremos, los españoles son inteligentes. Hemos salvado España”.

Si España tuviese un smartphone, si España recibiese wasaps, constantemente le llegaría el siguiente mensaje de sus contactos: “España, sé fuerte”. Y es que la atmósfera política, lejos de aclararse, no deja de entornarse en un turbio y sucio gris que no hace presagiar al españolito de a pie la llegada de la primavera. Perdón por la podemítica metáfora.

Los niños frikis de mi generación le debemos a Pedro J. el haber nacido para el periodismo, y la opinión pública, desayunando, camino del cole, con escándalos que parecían insuperables; del GAL, con su X, de Roldán y los papeles de Paesa, con esquela incluida, que le daban al entonces director de El Mundo un aura mítica para nosotros. Pero Pedro J. nos sigue descubriendo cosas, hasta para un historiador que no sabía lo que era un estafermo.

La RAE, en vos confío, única institución respetable del Reino, dice que un estafermo es una persona que está parada, como embobada y sin acción. Viene el término de la otra acepción: juego o destreza caballeresca en la que la figura giratoria de un hombre, armado con un escudo, se gira devolviendo el golpe al ser golpeado por la lanza de un caballero medieval.

Y es que Mariano a veces parece el Presidente pasmado, pero luego devuelvo el golpe, tras una interminable espera que aburre al enemigo. Quizás su estrategia sea invencible, décadas en el machito la avalan, y en España, ya lo dijo el centenario don Camilo, el que resiste gana, pero nunca se vio a un registrador de la propiedad levantar a las masas, por mucho cerebro y cuajo que uno tenga ante las oposiciones. Y hoy, si algo es necesario en el centro derecha español es reverdecer las viejas ilusiones.

El Partido Popular se ha resignado, hace ya bastante tiempo, a recurrir al argumento del miedo, del temor al futuro. Perdida toda una generación de jóvenes, al PP solo se le ocurre recurrir al electorado más mayor, cuyo voto ya tenía ganado, para asustarle con el fantasma (creíble) de las pensiones y el desastre económico. Hemos salvado España, les dicen una y otra vez, y estos bárbaros que vienen acabaran con nuestra obra, os bajarán las pensiones y nos llevarán al desastre. A Grecia, que es el infierno de los neoliberales y del Banco Central Europeo.

Junto a ellos, más audaces en sus propuestas, pues son solo eso, los naranjas de ciudadanos, que han roto la cintura a sus votantes con su regate postelectoral, al aliarse con el PSOE en un pacto sin futuro. Hablan de regeneración, pero no citan a Costa, ni a nadie, pues aparte de Garicano y algún otro, tienen más imagen que chicha, y a uno le entra el miedo de votar por lo que le dicte el instinto al ver hablar a Arrimadas. Pura nostalgia de lo que pudieron ser y no han sido.

Media España está parada, esperando que pasen las elecciones y no ganen los bárbaros, mientras éstos, ilusionados con sus confluencias, que es lo de siempre pero con botellines y redes sociales, dicen barbaridades, pues por lo mismo son bárbaros, y se preparan para comerse al PSOE por la izquierda. El sorpasso, lo llaman en las tertulias, y la verdad es que es un nombre poético para un hundimiento anunciado, pues la nada no se puede sostener durante mucho tiempo y el SOE, como lo llamamos en Andalucía,  recuerda, y mucho, a una película de Dino Risi.

Y es que Podemos e Izquierda Unida, Unidos Podemos y el Espíritu Santo, se parecen, hasta en la confluencia, a esa etapa de nuestra historia en la que había más partidos comunistas que comunistas, pues cada militante fundaba varios, y otros tantos estaban creados por el aparato del Estado para despistar al enemigo. La diferencia es que hoy, aún con ideas desfasadas y liberticidas, al menos tienen ideas, frente a una no ideología socialista, que es una cosa en cada territorio y, en común, eso de la igualdad, el buenismo zapateril y las clases de circo.

Así que, con suerte, volveremos al bipartidismo, si es que los últimos sondeos, que son un entretenimiento para las televisiones y una máquina de ingresos para algunos asesores, tienen razón y se confirma la tendencia al alza de populares y podemitas. Dos Españas antagónicas e irreconciliables, una España conservadora, que espera el golpe, como el estafermo, falta de ideas y de empuje, y una envalentonada extrema izquierda, populista, que se dispone a asaltar el poder y a imponernos sus tribus y sus ideales, pues en las venas les corre el totalitarismo que nace de creerse en la posesión absoluta de la verdad.

La auténtica tragedia de España no es que exista Podemos, sino que la única alternativa posible a ésta amalgama sea el Partido Popular pues, si por suerte consiguen gobernar, les pasará como en el poema de Cavafis y es que,  si los bárbaros acaban por no llegar, no sabrán qué hacer con el país que han salvado de la barbarie y todo seguirá como hasta ahora. Sin arreglo y a la espera de nuevos salvapatrias.

Quizás, en el mejor de los casos, las elecciones nos resuelvan el problema, con una España de pactos imposibles e ingobernable, se nos regalará una nueva prórroga de varios meses, hasta las próximas elecciones, de esperanza. En la que, en vez de esperar que lleguen los bárbaros, aguardaremos que  los grandes partidos hagan, por fin, política, porque si le dejamos la política a los de Podemos, que son los únicos que la hacen últimamente, acabaremos todos hablándole al pajarito de Chávez y con Alain Afflelou y Multiópticas vendiendo gafas trotskistas a lo Monedero.

 

Cristóbal Villalobos es profesor de Historia y escritor. Accésit del Premio Jérez Perchet de Periodismo, colabora con medios como ABC, El Norte de Castilla, Jot Down, Clío o Diario Sur.

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