Columnismo

El estilo literario como identidad del periodismo

15.10.2016 @santiago_mruiz 4 minutos

El periodismo tiene unas reglas pero no debe encorsetar el estilo de quien lo escribe. El periodismo literario, verbigracia, ha sido relegado a un segundo plano.

Ahora lo que se lleva es la asepsia, que parezca que el periodista en cuestión no ha tenido relación con lo que se cuenta. Su intervención sólo es lícita si es para obtener testimonios. Ni si quiera se ve con buenos ojos el uso de la primera persona, o sea, el uso del «yo». Esto, creo, es un error, sí yo. Esa primera persona que escribe, que transmite y que, con argumentos, decide seguir un estilo u otro. No hablo de la información —en ese caso sí es menester tomar distancia—, hablo de la interpretación y de la opinión, crónicas, reportajes... Los periodistas han de ser comedidos con su ego y saber cuándo pueden tomar partido o seguir el estilo que consideren más oportuno.

El periodista, como decía Kapuscinski, ha de ser buena persona. Diría que quizá no tanto, pero sí honesto, con los hechos, consigo y con los lectores; a ellos nos debemos.

Las nuevas —o antiguas— narrativas son un mecanismo para atrapar al lector y mostrarle algo. Es por ello que cada periodista debe encontrar su estilo. La literatura ha aportado mucho al periodismo, de hecho, la división de géneros, del lenguaje en muchos casos se debe a ella, podríase decir que es, en parte, su madre. La literaturización es un gran recurso que debería estar presente. Rebollo Sánchez dice: «cuando la literatura y el periodismo se alían estamos en ese vergel prosaico en el que los escritores, los periodistas, los cronistas, alcanzan expresiones más perfectivas de lo que se ha llamado no-ficción». La retórica cobra fuerza con ese periodismo literario y diferente y hace de una crónica o de un reportaje una maravillosa historia digna de aparecer en un libro de ficción cuando no es ficción. No se trata de un problema de subjetividad u objetividad —si es que existe—, sino del enfoque, las experiencias del autor; como dijo, de nuevo, Kapuscinski: «escribo en primera persona porque son mis experiencias y porque da autenticidad». Esto no quiere decir que siempre haya que usar este tipo de estilo pero no se debe considerar periodismo de segunda o se piense que esté sometido a la imaginación y, por tanto, alejado de la realidad de los hechos.

La descripción envolvente de las personas, lugares y con todo lujo de detalles lo hace posible la literatura; esa metáfora que nos traslada a la situación, que nos evoca todo tipo de situaciones y acontecimientos. Todo esto es lo que le da esa chispa a una pieza periodística, la lucha por poseer un estilo literario no hace que lo que se escriba sea falso o poco riguroso ni siquiera carece de precisión. No es imaginación. Sigue siendo periodismo. Es cuestión de estilo, de gusto y de personalidad. En los textos periodísticos de autor es cuando se puede aportar una nueva la visión más ingeniosa, prospectiva y, sobre todo, profunda.

Desde Larra, articulistas como González Ruano, Camba o Alcántara han cultivado el articulismo literario lo que les permitió tener un estilo muy particular que convirtió una época en la edad de oro del articulismo donde se cultivaba de forma brillante la literaturización. Este estilo mediterráneo tan característico en España no tiene nada que envidiarle al anglosajón de las tres f (facts, facts, facts). No es ni mejor ni peor. No debe, en ningún caso, perderse ni rebajarse a una categoría inferior. Es una tradición estilística de gran valor que ha perdurado desde que surgió la profesión.

La búsqueda de esas nuevas narrativas para atraer a más audiencia quizá esté delante de nosotros, quizá haya estado siempre, quizá no se ha valorado suficientemente. Quizá esta separación es, también, un intento de independizar el periodismo de la literatura en busca de una identidad más autónoma a ella, lo que es un error. Son géneros que se complementan; se entrelazan y llegan ser, si se lo proponen, uno solo, con lo mejor de ambos y hay veces que sí conviene separar uno del otro, pero por razones lógicas. El maestro Manuel Alcántara ha dado la definición de periodismo más literaria: «un periodista es un salvador de instantes y un cantor de lo cotidiano». No lo olviden, hay muchos que escriben en periódicos que son escritores en periódicos.

Camba, en su momento, dijo: «Para la mayoría de las gentes, el desierto es el desierto, y el bosque es el bosque. Para el escritor, en cambio, el desierto es una crónica, y el bosque es otra crónica. Usted, amigo lector, me deja a mí frente al mar, pongamos por caso, mientras va a darse un pequeño paseo, y cuando vuelva, ¿qué creerá usted que he hecho yo con la azul inmensidad?»

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