Columnismo

El humor en la columna

04.11.2016 @marisabellucas 2 minutos

A mí, que me gusta la idea de pensar en el columnismo bajo el mandato del humor, no me tomen en serio y si lo hacen, perdonen el atrevimiento dado. El caso es que soy contraria a pensar en todo lo que rodee la austera frialdad en la opinión, de hecho, la realidad precisa de humor y el humor de la misma dentro del maniqueísmo instalado en la sociedad. Pero es que nos ponemos muy serios cuando cogemos un periódico, oiga usted. A mí que me digan que "Luis Miguel arrasa en la Condomina" me resulta menos contundente y me inclinaría más por el titular de Rosa Belmonte: "Ruido de bragas en la Condomina". Con lo que ha sido "una" no venga usted de digno.

Cuando hablas de humor en el articulismo no piensas en un humor predeterminado, sectario, cuya firma ya augura hacia quién va a ir dirigido el primer zarpazo. Cuando hablas de humor en el articulismo lo haces desde el tono más natural y menos pedante. El instinto. Va de suyo que la columna tenga, en un inicio, la intención más seria y cuya fluidez lleve a la actitud más humorística. Es más, considero que la seriedad y el humor no son excluyentes. No imagino una columna de Manuel Jabois más responsable que una de humor. Al final, como todo, son los prejuicios los que salpican en este terreno, porque gran parte de la sociedad no entiende cómo un oficio tan encadenado a la realidad llega a ser tan jocoso. Pero puede que ahí esté la respuesta: la conexión de la realidad con la ironía.  Su finalidad, en todo caso, es más pragmática que estética.

Quizá uno de sus problemas sea su interpretación, es decir, la predisposición del lector que, vestido de chaqué, espera encontrarse con la opinión más severa y discreta. El intervalo entre la realidad y la realidad irónica es un camino angustioso para ese lector, cuyo rostro, en vía de descomposición, refleja síntomas kafkianos. Y  grita: "¡El periodismo de hoy en día no es más que un circo lleno de payasos!". A lo lejos, unos tipos ríen. Entre ellos, y no con menos disimulo, Mariano José de Larra.

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