Columnismo

El móvil lo es todo

24.02.2016 2 minutos

El Mobile World Congress 2016 se celebra en Barcelona bajo el lema “El móvil lo es todo”. Han parido un lema casi metafísico. Habla de la esencia (“es”) y del absoluto (“todo”). No se trata únicamente de que esté en todos los ámbitos, de que nos parezca imprescindible, de que tenga innumerables posibilidades de aplicación. Verbaliza una identidad, a saber, “móvil = todo”. En buena lógica, podríamos concluir que no existe nada fuera del móvil, que hemos encontrado por fin el sentido de la vida, que ya conocemos el camino hacia la felicidad.

Realmente nuestro universo gira en torno al móvil. Para tantos está al principio y al final de la jornada, acompañándoles adonde quiera que vayan. Lo situamos en los momentos más importantes del día, aquellos en los que nos encontramos en intimidad con nosotros mismos. Es el titular indiscutible de nuestro equipo para jugar los momentos decisivos del partido. Es el ojo del huracán en el que se ha convertido esta estresante manera de vivir.

El móvil conduce y enmarca nuestra convivencia. Ha destronado al alcohol y al tabaco como rituales de socialización. Nos desinhibe más que una cerveza y rellena los silencios mejor que un cigarrillo. Con él creamos y fortalecemos los vínculos; sin él caemos en la exclusión. No solo se ha convertido en el medio principal de comunicación, sino que también ha adquirido la condición de ámbito para la convivencia. Nos relacionamos a través del móvil y dentro del móvil.

Este aparatito ha venido a romper las barreras del espacio, otorgándonos el don de la ubicuidad. Sí, podemos estar aquí y en otra aparte, al mismo tiempo. ¡Qué maravilla para aquel que desea abarcar todo cuanto sea posible! No obstante, quizás se trate de la utilidad que más nos esté costando controlar: entre amigos con el móvil, en el trabajo con el móvil, al volante con el móvil… un sinvivir.

Así podríamos seguir, describiendo espacios en los que el móvil se ha convertido en el rey del mambo. ¡Sí! ¡Que ostenta el liderazgo como instrumento para digitalizar y para virtualizar el mundo mundial! ¡Sí! ¡Que cada día nos abre las puertas a la realidad y la realidad entra a través de él! ¡Sí! ¡Que lo usan los padres como premio o como castigo, permitiéndoselo o prohibiéndoselo, para educar a los niños en lo que está bien y en lo que está mal! ¡Sí!

La cuestión que me planteo para terminar es una dudilla. ¿Quién podrá crear otro lema más grandioso para el próximo congreso? Tal vez servirían alguno de estos: “El móvil sigue siéndolo todo” o “El móvil lo es absolutamente todo”.

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