Columnismo

El triunfo de una Operación

02.11.2016 @Mary_Lex12 3 minutos

Como cada lunes de hace quince años, muchos de los miembros de las tantas familias de España –quince años mayores también, ¡ay!- nos acomodábamos nuevamente en el sofá para revivir lo que televisión española trajo hasta nuestras pantallas en el año 2001. Un programa de música que, sorprendentemente, calaría en muchos de nosotros. Cada español tenía preferencia por un concursante y, al mismo tiempo, todos – o una gran mayoría- por Rosa de España, que este lunes pasado volvió a demostrar por qué fue calificada así. Algo tendría la granadina, aunque ella aún no ha sido capaz de apreciarlo, para enamorar a todos los españoles. Quizá, las claves de su triunfo fueron ciertos valores que –tristemente- están devaluados y en desuso: humildad, bondad, compañerismo, sencillez, sinceridad, inocencia. No sin olvidar, ni desprestigiar -¡faltaría más!- su maravillosa, increíble, única y potente voz. Voz, paradójicamente, mal lanzada al estrellato, teniendo un talento y torrente digno de alcanzar grandes glorias.

Dejando a Rosa a un lado, regreso al loable reencuentro que “Getmusic” y TVE han organizado para rememorar aquel concurso en el que dieciséis jóvenes españoles conocían la fama. Una fama que les superaría –a algunos- pero que les permitiría ser lo que hoy son. Les regalaría el cumplir sus sueños. Tres entregas emotivas durante tres domingos consecutivos para concluir –la nota colofón- con un concierto donde se recordaban los grandes éxitos cantados en el programa. Hay que reseñar, aplaudir y admirar lo logrado por este programa: el hecho de que prime la verdadera amistad a la competitividad, aun siendo rivales. Eso se ha podido observar estas últimas noches de domingo, donde el ambiente era agradable, distendido, pleno en gratos recuerdos. Ya no existen concursos que inculquen bondades.

Todos esperaban expectantes –y con el morbo implícito del ayer- la actuación de Chenoa y David Bisbal. “Escondidos” fue la canción que sacó a la luz el romance entre estos dos artistas. Revivir aquel momento –cantando esa letra- no debió de ser tarea fácil, sobre todo si, como se dice, donde hubo fuego… No obstante, salieron airosos -más él que ella que no pudo contener la emoción- convirtiéndose en el tema más comentado de hoy. Se habla sobre el “momento cobra” que él le hizo a ella. Puede ser. ¿Pero qué esperabais? Si él tiene novia, allí presente, y quien no dudó en subir posteriormente una foto con Chenoa como si nada hubiera pasado.

Sin embargo, para mí no supuso el momento más bonito. Me decantaría por el abrazo sincero y largo entre Rosa y Bisbal. Un abrazo de amistad y cariño infinito, después de haber cantado con ganas e ilusión. El dueto entre Manu Tenorio y Rosa, cargado de ritmo y sabrosura. O el protagonizado por Bustamante y Gisela, que inundaron el Palau Sant Jordi de ternura y magia. La fuerza que supone “Europe’s living a celebration”, o la entrega de Alejandro Parreño. Así como la belleza del “Sueña”, si la emoción no le hubiera ganado el pulso a la voz y al tono. Tal vez, en general, objetivamente –o al menos para mí-, no fueron sus mejores actuaciones, en cuanto a calidad musical. Lógico cuando los nervios, el impacto mediático, la melancolía y la nostalgia se agarran fuertes a las cuerdas vocales. Pero fue una fiesta continua, tanto en el Palau como en cada casa. Un espectáculo muy saboreado.

Aun así, el concierto supuso grandes y entrañables motivos por los que agradecerles a estas dieciséis personas el habernos permitido volver quince años atrás y vivir-nos- todos juntos.

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