Columnismo

Emilio Arnao: "El hombre no es nada, sólo vacío, vómito, hipocresía, corrupción y un gran consumidor de carne de cerdo"

22.04.2017 @emilioarnao 3 minutos

Este Arnao, escupesangre y calvo como un culo sin pelos, lleva ya muchos años -desde los 16, como Rimbaud- dedicándose a las letras. Padece una enfermedad obsesivo-compulsiva -diagnosticada por los médicos- por la literatura y el periodismo. Escribe a veces con los dedos de los pies cuando entra en pelea con los gitanos y éstos le quebrantan las manos. Le gusta más la manufactura de una columna que pegar un fornicio con una nínfula. Tiene la pilila pequeña como Cristiano Ronaldo y su récord está en escribir 37 horas seguidas -sin parar- sólo a base de café -como Balzac- y plátanos de Canarias. Le preguntamos por su actualidad.

Dicen que usted tiene mucho peligro cuando escribe, ¿se considera un rebelde, un maldito o un hijo de puta?

A mi madre ni la miente usted, que es una santa y todavía virgen. Mi peligro está en que me considero Saturno devorando a sus hijos, como el cuadro de Goya. No me considero un maldito, porque cada día me ducho, como un bistec y tengo una cama en donde dormir. Soy un burgués que quiere acabar con la burguesía, como Galdós.

Raúl del Pozo dice de usted que escribe más que el Tostao, ¿de dónde saca tiempo?

De entre masturbación y masturbación, pero en vez de esperma me salen metáforas, quincalla literaria, eructos como adjetivos, cosas.

¿Cuándo ha sido la última vez que se ha ido con putas?

Desde que me enamoré de una y me dejó por Juan Manuel de Prada.

Es usted muy crítico con su generación. Ha escrito artículos demoledores de sus coetáneos. ¿Por qué?

Es que estoy harto de la mala literatura. En este país se escribe como el coño de la Bernarda.

¿Acaso usted no padece también de ese bernardismo?

Por supuesto. Me considero un fracasado. Mi literatura sólo puede ser comprendida por los impotentes sexuales, por los pitufos y por Mariano Rajoy, que tiene algo de los anteriores.

Dicen de usted que escribe bajo los efectos de la morfina. ¿Es eso cierto?

Mienten. Sólo escribo con café, con agua y siempre después de ver un video porno.

¿Es su literatura, pues, pornográfica?

Claro, claro. La literatura y el sexo es lo que me salvan de padecer angustia existencial.

Es usted un perfecto desconocido. ¿A qué viene tanta dedicación?

Ya le digo, para salir de esta tristeza infinita y de la sífilis que padezco.

Escribe usted por lo que he leído muy complicado, ¿cree que así llegará a alguna parte?

Eso depende del color de mi orina.

¿No se está creando usted demasiados enemigos con su prosa?

Yo sólo escribo ya para mis enemigos, por eso cuando alguno de ellos fallece me paso veinticinco días llorando. En el fondo soy un sentimental, como el marqués de Bradomín.

¿Le han dado alguna vez alguna hostia por meterse con alguien, como a su admirado Umbral?

Hostias no, pero patadas en los cojones todos los días. Y eso sí que duele. Últimamente me pongo ya almohadillas en mis partes bajas. Pero aún sigo yendo siempre a base de calmantes.

¿A qué viene tanta deconstrucción?

Como decían los dadaístas porque construir no lleva a ningún sitio. El hombre no es nada, sólo vacío, vómito, hipocresía, corrupción y un gran consumidor de carne de cerdo.

¿Por qué esa fijación en sus artículos por María Dolores de Cospedal?

Mi Lola es mi Lola. Y ahora que se ha aficionado a la cabra de la Legión yo soy su Cabrón.

¿Algo más que añadir?

No, nada, que todo lo que dicho es mentira.

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