Columnismo

En un día

01.05.2016 @saulnamado 2 minutos

Abril se pasó sin pena ni gloria, como esta legislatura. Breve pero intensa. Con amores, gritos y cervantinas de por medio, que no es poco. Mayo comienza con el primero como Día del Trabajador, como todos los años, pero con un segundo peculiar: se acaba la legislatura más corta de la Democracia.

En un pueblo de la Vieja Castilla de cuyo nombre no quiero acordarme, y donde conservo buenos amigos, conmemoran el 1 de mayo de un modo atípico pero, en cierta medida, razonable: ‹‹Qué mejor manera que celebrar el Día del Trabajador que trabajando››. Allí han restaurado una casa antigua, propiedad de un Conde –o un Duque, yo que sé– y la han convertido en cafetería-biblioteca. Una casa antigua que han ido remodelando desde que Adolfo Suárez ganó las elecciones –ya ha llovido–, y que hace diez años dieron por terminada la reforma. La nueva residencia condal solo se puede visitar el Día del Trabajador, por eso de que es la mejor manera de celebrarlo, y tiene éxito: más de dos mil visitas en un día a un pueblo de apenas cien habitantes.

En la ciudad, Jacinto, que tiene un restaurante desde hace cincuenta y dos años y milita en el PSOE desde hace cuarenta y nueve, se siente cansado de su trabajo y alienado, me dice. ‹‹Ya podía hacer yo como ese pueblo y el resto del año echar el cierre al Rastrillo (nombre del bar)››, nos echamos a reír y le pregunto por Pedro Sánchez: «Ese tiene los días contados, ya lo verás».

Hoy el Obrero Español se sienta a reflexionar: «¿Qué he hecho mal?», se preguntará; se le van por todos lados, desde Barcelona hasta Madrid. Y por Andalucía le presionan. En el Día del Trabajador todo son dudas y desdenes al mismo tiempo: «¿Me siguen queriendo?». Una lista que no acaba de cerrarse, un candidato que no acabe de enterarse y un trabajador que cada día se siente menos representado por el Obrero Español.

Seguiremos en mayo y lo seguiremos conmemorando, cada uno a su manera. «Quizás Sánchez ha querido trabajar solo un día, como en ese pueblacho, pero en vez de recibir dos mil visitantes, ha perdido dos mil votantes en un día: el día de su investidura fallida», y Jacin se fue a servir otra caña.

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