Columnismo

Entre comillas

¿De qué te quejas?

22.01.2018 @_sanchezrocio_ 2 minutos

Algunas luchas no me representan. Especialmente dentro del feminismo. El radicalismo no lleva hacia ninguna parte, y no todo vale. Además, ya me jodería a mí haber nacido hombre, con todo el trabajo a medio hacer y un cable suelto chisporroteando entre las piernas.

A lo que iba, es que ciertos enfrentamientos no tienen razón de ser. Pero ahí que se embarcan muchas, porque a eso de discutir no hay quien nos gane. Sobre todo a mí, tampoco voy a engañaros en mi primera columna.

Tomando café con dos buenas amigas, me enteré de que en algunos países de Europa, como Polonia, está mal visto que las mujeres se maquillen para ir al trabajo. Algo anticuado teniendo en cuenta que vivimos en 2018, pero práctico. “Mucho mejor que en España”, aseguraba mi compañera. Una fantasía para los bolsillos y un respiro para la piel. Aunque sería un error exagerar y pretender hacer de cualquier cosa una lucha.

Aquí no se nos juzga si decidimos salir sin maquillaje. Solo se nos pregunta si nos encontramos indispuestas o si hemos trabajado de más. Porque ir con la cara lavada es sinónimo de mala cara. Y eso, mejor para otro día. O para otros. Todo por nuestro bien.

Ya que me sincero, diré también que me parece dramatizar demasiado considerar que la familia nos presiona porque de vez en cuando ­–en realidad, en todas las ocasiones posibles– quiere saber si hemos encontrado pareja. Lo de sentirnos realizadas sin necesidad de estar con alguien más o priorizar nuestra carrera profesional por encima de lo sentimental, también va sobrando bastante.

Así que ¿de qué te quejas? Si las mujeres somos completamente libres para decidir, y el feminismo no es más que una conspiración. Además, nuestros sueldos son completamente equiparables al del género masculino, y jamás se nos llama exageradas, radicales o feminazis por el mero hecho de defender la igualdad entre hombres y mujeres.

Alguien me aconsejó que no utilizara mis columnas para radicalizar. Que dosificara mi rabia, porque el feminismo es solo un tema de los cientos que podría tratar. Alguien con cable entre las piernas, que en parte tenía razón ­–porque soy capaz de hablar de otros asuntos– aunque no me dé la gana.

Por ahora, creo que no lo estoy haciendo tan mal.

 

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