Columnismo

Entre comillas

No pedimos tanto

08.03.2018 @_sanchezrocio_ 2 minutos

No es país para coños. Lo dice Diana López Varela: escritora, columnista e incansable feminista. Me reafirmo en sus palabras porque, entre otras cuestiones, hace casi veintidós años nací con mi propio aparato reproductor femenino. Y, al igual que la inmensa mayoría, he tenido que batallar con situaciones machistas que me han conducido hacia el sendero del feminismo. Por eso me parece completamente innecesario incidir en las evidentes desigualdades que nosotras, como mujeres, sufrimos a diario por el mero hecho de serlo. No, España no está preparada para los coños, los chuminos, las vaginas o los pussies —como deseen llamarlo, aunque sea lo mismo—. Por eso hemos decidido empoderarnos y solucionarlo con terapia de choque: parando el mundo, aunque se trate solo de un día.

Si algo he aprendido del feminismo es que no sabemos absolutamente nada. Nada, porque tenemos completamente normalizado el machismo que nos rodea. En el lenguaje, en nuestra rutina diaria, en la publicidad e incluso en el trato paternalista de algunos hombres. Y, pese a ello, todavía hay quienes consideran que el feminismo es el berrinche de unas cuantas. El grito de unas locas que se quejan porque el mundo les viene grande. Y no, el mundo tiene las mismas dimensiones para todos. Más bien estamos cansadas de vivir con miedo, ignoradas y asumiendo un papel secundario. Hartas de unos roles que nos han sido impuestos y que no nos corresponden.

Ahora bien, no paramos el mundo solo para ganar retuits. Ni por salir en el telediario. No queremos propaganda. Lo que necesitamos son medidas que contribuyan, de verdad, a una igualdad efectiva entre hombres y mujeres. Como diría Frances McDormand, lo que queremos es que llaméis a nuestros despachos, que toquéis a nuestras puertas y nos deis las oportunidades que los hombres han tenido durante toda la historia. Que si vamos a una entrevista de trabajo, no se nos pregunte si queremos tener hijos pronto, porque la paternidad no es algo exclusivo de la mujer, aunque muchos no lo entiendan.

El 8 de marzo las mujeres paramos con una huelga feminista para que, por fin, se nos permita escribir nuestro propio relato. Por normalizar los coños, y por dejar huella en esta farsa de mundo al que hemos parado. No es ningún sueño americano, ni algo que no podamos conseguir unidas. No pedimos tanto.

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