Columnismo

Entre dos luces

Anorexia educativa

03.10.2016 @pablomerinoruiz 2 minutos

La televisión pública estrenó ayer un programa sobre educación titulado Poder canijo. Se pueden imaginar... Una importante inversión de dinero público dedicado a reproducir, fielmente, el fracaso de la educación española, también subvencionada con dinero público. Lo que ya sabíamos. Todo queda en casa. El nuevo espacio pretende ensalzar las innovaciones educativas y sus métodos. Para enganchar a los pequeños utilizan a dos robots extraterrestres cuentachistes que, por cierto, no tienen ninguna gracia, la copia cara de Trancas y Barrancas. El "aula" está construida bajo las ruinas de un parque de bolas y el decorado a base de paneles con numeración binaria que dan al plató un toque de computadora obsoleta, casi tan desfasada como los propios parques de bolas. Tiene de todo la producción menos ingenio, precisamente lo que andaban buscando. Tal cual.

Tampoco despierta el interés de los niños. Se aburren igual en el programa que en el colegio, solo hay que ver sus caras. Al menos no les mandan deberes para casa. Faltaría. No sé qué es peor: tomar a los niños por tontos o hacer el tonto para que se rían los niños. Así ni enseña ni aprende nadie. No nos tomen el pelo. La educación necesita buenos maestros, no malos humoristas. El esnobismo convertido en estándar de calidad ha llevado a la educación a una preocupante situación de decadencia, entre otras cosas. De enseñar deleitando a deleitar con la enseñanza, o intentarlo. No pretendo vulgarizar problemas tan graves como el trastorno de la anorexia o el fracaso escolar, pero el programa es el reflejo deformado de quien no se toma en serio un asunto tan importante como la educación.

Bajo mi criterio, el programa ha suspendido. Pero en este caso no debería repetir curso, por favor. Lo mejor que puede hacer es salirse inmediatamente de la parrilla. Cuanto antes y por la puerta de atrás. ¡Anulen los 7 episodios que faltan! Están a tiempo todavía. Esto no lo arregla ya ni el pegamento Imedio; perdón, ni mi querido Juan y Medio. Siempre tendrás mi simpatía, pero en menudo charco te has metido. Espero que no hayas abandonado por esto tus tardes de gloria en Canal Sur luchando contra la soledad de los más mayores. Espero.

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