Columnismo

Entre dos luces

Consumir antes de...

25.04.2016 @pablomerinoruiz 2 minutos

Una semana antes de cumplir la garantía, el televisor de mi amigo se rompió. Parecía que el tubo de imagen se había estropeado. Preocupado llamó a la empresa para repararlo antes de que acabara el plazo, pero el técnico no acudió a la cita. Culpable, le preguntó por teléfono qué le sucedía. Unos minutos después le dictó un código. Al introducirlo en el aparato la TV recuperó el color y volvió a encenderse. Ciencia infusa, como si nada hubiera pasado. Casualidad que justo un año después ocurriera exactamente lo mismo. Astuto, él copió los números del chivatazo y resucitó de nuevo el aparato... ¿Saben qué es la obsolescencia programa?

Nació con el crack del 29 en EEUU. Se trata de diseñar los productos para que duren mucho menos y, así, incentivar el consumo; el deseo del consumidor de poseer algo un poco más nuevo, un poco mejor, un poco antes de lo necesario. Todo comenzó con la bombilla, el ejemplo más representativo. Las compañías se pusieron de acuerdo para reducir su uso de 2500 horas a menos de 500. Una estrategia inteligente para el empresario, pero costosa para el consumidor. En el campo de la electrónica le han seguido otros productos más actuales como la impresora o los smatphones. Todos diseñados para acabar muriendo según le convenga al fabricante.

La obsolescencia programada nos lleva al ciclo vicioso del comprar-tirar-comprar. La ley 3/2014 sobre  la Defensa de los Consumidores y Usuarios explica en su artículo 60 que “el empresario deberá facilitarle (al usuario) de forma clara y comprensible la información relevante, veraz y suficiente sobre las características principales del contrato". ¿Acaso informan las cajas de los aparatos electrónicos el día en el que dejará de funcionar? Empresas como Apple o Samsung se enfrentan hoy a demandas en los tribunales por ello. 

El analista Alejandro Nortes asegura que “si la obsolescencia programada no existiera, se realizarían productos indestructibles, la población mundial ya estaría abastecida, no sería necesario fabricar nuevos y la economía mundial se hundiría”. No le falta razón, la obsolescencia es el motor de la economía actual. En la dinámica consumista en la que nos movemos es un factor esencial fomentar el I+D+I (investigación, desarrollo e innovación) para seguir progresando.

En Francia, Los Verdes acaban de aprobar una ley por la que multarán con 300.000 euros o, incluso, dos años de prisión el establecimiento predeterminado de un período de funcionamiento limitado a un producto. El debate se mueve en torno a la ética, la ecología y la manipulación al consumidor. Poco se habla del tema en las altas esferas y muchas serían las consecuencias ante un posible cambio. Como diría Ana Pastor: “Estos son los datos, suyas son las conclusiones”. Consumir antes de...

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