Columnismo

Entre dos luces

El literato Dylan

17.10.2016 @pablomerinoruiz 2 minutos

A lo que llamamos cultura visual de masas, los teóricos del arte -¿quiénes serán estos señores?- hablan de un concepto común en el que convergen todas aquellas realidades visuales, sean del tipo que sean, que afectan al hombre corriente. Se trata del mundo de las imágenes que expresan y modelan nuestra forma de pensar, de vivir y de amar.

La sociedad ha dado un viraje 360º en los últimos años. El tipo de imágenes que la Historia del Arte estudió en su momento (pinturas, obras arquitectónicas o esculturas) representan hoy día una proporción pequeñísima de nuestra realidad respecto a la gran cantidad de imágenes diferentes que nos llegan, incluso imágenes que representan otras imágenes: fotografía, prensa, publicidad en sus múltiples formas, carátulas, portadas, pegatinas, logotipos, colgantes, grafitis, mobiliario urbano...   La figura misma del hombre, y sobre todo de la mujer, es hoy más que nunca una imagen creada, diseñada e inventada en virtud de la moda.

No todas estas podemos calificarlas de artísticas, por supuesto, pero tampoco podemos negarles, a priori, esta condición. Más bien hay que asumir que el verdadero arte no hay que buscarlo en una clase o tipo de objetos, sino en un modo de hacerlo. Algo similar puede estar pasando con la literatura. Bob Dylan acaba de ganar el Premio Nobel de literatura, el primer cantautor en hacerlo. ¿Merecido? No para mi. ¿Legítimo? Probablemente. Hay quien defiende que, en realidad, Dylan es un poeta y, como tal, el Nobel es un reconocimiento más a su obra. Puede ser. Ahora bien, el compositor vive de chispazos y crea alrededor de ellos, ¿la poesía también? Tengo mis dudas.

Decía ayer Antonio Burgos en su columna dominical: si a Bob Dylan le han dado un Nobel de Literatura, ¿cuántos tendrían que haberle concedido a Rafael de León, el máximo poeta popular español de todos los tiempos? Lo mismo me pregunto yo con tantos y tantos otros. Las comparaciones son odiosas, pero en el caso no nos dejan otra alternativa. Antecesores como Vargas Llosa o José Saramago dejan el listón muy alto.

La academia lo otorga por "haber creado nuevas expresiones poéticas en la gran tradición musical norteamericana". ¿Es suficiente eso para ganar un Nobel de literatura? El premio es mundial, no americano. Yuri Lozá, cantante ruso, se preguntaba por "los millones de chinos, sobre qué contribución ha hecho Dylan a su cultura. Supongo que ninguna." Ahí queda eso. Por mi parte, lo considero un esnobismo fruto de nuestro tiempo y, por extensión, una americanada. Empezó con el bestseller y llegó la hora, ha nacido la cultura literaria de masas.

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