Columnismo

Entre dos luces

En vacaciones todo el mundo al pueblo

21.03.2016 @pablomerinoruiz 3 minutos

En Semana Santa la gente vuelve al pueblo. Hace unos años todavía quedaba algo de dinero y era asequible tomarse el capricho de viajar al extranjero. ¡Qué tiempos aquellos! ¡Qué lejos quedan! Ahora no. Se acabaron los viajes a las grandes capitales europeas como París, Roma o Londres. El avión, el hotel de 4 estrellas y las visitas guiadas son historia. Hoy volvemos a los años 80 para recuperar la "mentalidad del ahorro" de nuestros abuelos. Regresamos a nuestro hábitat natural, en vacaciones todo el mundo al pueblo.

Decía Antonio Banderas que "lo peor que le puede pasar a uno es perder sus raíces". Desgraciadamente, hay muchos que las tienen olvidadas e incluso reniegan de sus orígenes. Está de moda ser de ciudad, ser de pueblo queda "cateto". El pueblo parece estar desactualizado aunque, en realidad, sea lo poco natural y humano que queda en nuestra sociedad. Muchos lo usan como vía de escape para huir del agobio de la gran ciudad. Otros aprovechan para visitar a los familiares. Cualquier excusa vale, en vacaciones todo el mundo al pueblo.

Allí la gente se conoce y se saluda por las calles. A la vuelta de la esquina tienes un primo o viejo amigo con el que pasar la tarde. Los niños corretean por la plaza mientras los padres toman una cerveza en uno de los dos bares, ¿para qué más? Por la noche las parejas de jóvenes escapan de sus casas (por la ventana o por la cocina, así son las casas de los pueblos) y se buscan en los alrededores iluminados por un par de viejas farolas. No hay coches ni bullicio, el ruido desaparece. Los dos únicos sonidos que se escuchan son los de las campanas de la iglesia a las en punto y el agua de la sierra cayendo en la fuente. Por la tranquilidad, en vacaciones todo el mundo al pueblo.

No hay televisores o, si los hay, son tan antiguos que la imagen sigue en blanco y negro o no llegan las cadenas de la TDT. WiFi y cobertura son términos que desaparecen del diccionario. Hay tiempo para hablar y mirarse a la cara. También para aburrirse, una actividad muy sana recomendada por los médicos. No es broma. Aun así el que piense que en los pueblos uno no se divierte, está equivocado. Entre fiestas patronales, verbenas, tradiciones... No hay tiempo para amargarse, en vacaciones todo el mundo al pueblo.

El pueblo, en una dosis razonable, es bueno para la salud. Necesitamos que nos abran los ojos. y acercarnos a lo que somos. De vez en cuando hay que volver a nuestro principio, al lugar que nos vio crecer. No está de más hacer una parada en el camino y detenerse a pensar y descansar. Comer bien, echarse la siesta en el sofá y respirar aire puro es básico para mantenernos con energía y recargar pilas. Algo bueno ha traído la crisis, gracias a ella estamos volviendo a los pueblos como nuestros abuelos. ¡Cuánta falta nos hace! Se lo recomiendo, en vacaciones todo el mundo al pueblo.

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