Columnismo

Entre dos luces

Escribir bien

27.03.2017 @pablomerinoruiz 2 minutos

No creo que nunca llegue a ser buen escritor. Mi cabeza está llena de historias sin personaje y de novelas sin nombre. Porque el escritor intenta ponerle palabras a todo lo que se le ocurre pero pocas veces las encuentra. Siempre sospechando. Siempre tomando notas. Siempre con algo que contar. En definitiva, siempre escribiendo. Porque a escribir se aprende escribiendo, y escribiendo se aprende a escribir bien.

Para Onetti escribir es un acto de amor sin eufemismos y para Orwell una lucha agotadora, algo terrible, aunque estoy seguro de que ambos comparten la máxima de García Márquez: la revolución está en escribir bien. Uno escribe por envidia, por aburrimiento, por sufrimiento, por casualidad, por torpeza, por engaño, por rebeldía, por provocar, incluso por dinero. Pero la verdadera obligación de un escritor es escribir bien.

Me gusta la frase de Campoamor que dice: “Dios mío, ¡cuántas cosas le diría si supiera escribir!”; y la de Joseph Heller que contaba que todos los escritores que conocía tenían problemas para escribir. Me alivia saberlo. No creo en el pánico a la hoja en blanco si el que se enfrente a ella tiene algo que decir. Lo que sí creo es en el temor a perderse en el bosque de las palabras sin dueño. El talento de un escritor está en encontrar entre la marabunta la palabra que necesita. En el momento preciso, el término preciso. Un arte al alcance de muy pocos elegidos. La literatura, o mejor, la buena literatura no es más que una búsqueda/encuentro con la palabra.

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