Columnismo

Entre dos luces

Experimento en el Barclaycard Center

19.12.2016 @pablomerinoruiz 3 minutos

Ser o no ser VIP. A pie de pista o en el quinto anfitetro. Aunque soy de baloncesto y más que anfiteatros hay sectores, se me entiende. No todo el mundo ve igual un partido. Ayer hice un experimento. Más bien, pude hacerlo. Sacar la entrada más cara y más barata de un pabellón el mismo día.

Me regalaron asientos VIP en el palco del Barclaycard Center, para ver un Real Madrid-Río Natura Monbus. Poca cosa. Desde las 12:00, hora a la que llegué, hasta las 14:30, hora a la que salí, me atendió una azafata personalmente. Durante el partido, a cada rato, pasaba por los asientos (de cuero, comodísimos) para servirnos bandejas con queso y jamón, copas y canapés. Un lujo. Ahora bien, el partido fue una pachanga. Las estrellas del Madrid a medio gas ganando de casi 50 puntos a los pobres gallegos. El público solo aplaudía -o se movía- cuando en el videomarcador salían los goles de Cristiano para ganar el Mundialito. Inhóspito aquello y aburrido a más no poder. Me fui con la bárriga llena, pero baloncesto poco. Además, el techo del palco estaba demasiado bajo y, aunque las caras se veían nítidas, lo que es el juego regular.

Por la tarde volví al Barclaycard. Esta vez sin palco ni azafata. El equipo más humilde de la capital, Estudiantes, recibía a mi querido Unicaja. Compré la entrada en lo más alto, ni tan siquiera estaban numeradas. Desde allí, casi rozando el techo, disfrute de un partido igualado que acabamos ganando. Me rodeé de familias con niños y no pude distinguir bien las caras de los entrenadores durante todo el partido. Me fuí con el estómago vacío, pero viendo baloncesto. Desde allí, acompañado por los focos, se ve todo muy claro, demasiado.

No os voy a engañar, la diferencia entre la entrada VIP (89€) y la Fondo B2 (10€) es considerable. Una regada con vino blanco y otra rodeada de niños gritando y correteando. Me cachearon en la entrada de la barata y en la cara me colocaron una estufa a los pies. Dicen que siempre hubo clases. Supongo que es así.

Me encantaría haber mezclado ambas experiencias. Me explico. Mantener el catering, pero rodearme de aficinados animando. Sentarme en un sillón con posabrazos, pero sin que me tapara el campo una valla publicitaria. Buscar un precio asequible, pero sin acabar muerto de hambre. Animando en un partido bonito, pero sin dejar de ver a las estrellas del momento.

Todo no se puede tener en esta vida, hay que elegir. Hoy, como excepción, me quedo con las dos. Mañana, como norma, me quedo con el Fondo B. Comprando un cartucho de palomitas (1.50€) y sufriendo con mi equipo. Como cada semana hacen miles y miles de personas. Solo unas pocas -poquísimas- son VIP, aunque si supieran de baloncesto, posiblemente, dejarían de serlo.

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