Columnismo

Entre dos luces

Los árbitros

09.01.2017 @pablomerinoruiz 3 minutos

Nadie les quiere. Nunca juegan en casa. Sin ellos no hay orden, pero son los culpables de toda trifulca o tangana. Reciben más protestas que ninguno, incluso insultos. Decía Medina Cantalejo que no les pagaban por ser simpático. No pueden dar la cara ni hablar con la prensa. Trabajan en la sombra y los examinan con lupa cada jornada. Los pocos que pasan a la historia lo hacen por sus meteduras de pata. Se subestima su poder. Pueden cambiar el guion de cualquier partido cuando les apetezca. Los árbitros eran, son y serán los grandes desconocidos del deporte.

Ayer Fuenlabrada, un modesto equipo de baloncesto de la periferia madrileña, sintió que el arbitraje no les dejó competir. Publicaba el diario AS un artículo que reflejaba las declaraciones de su presidente, José Quintana, pidiendo explicaciones a la liga. Los colegiados pitaron dos faltas técnicas -para los menos entendidos, una infracción por disciplina poco habitual y grave- a dos jugadores fundamentales para el equipo en el túnel de vestuarios durante el tiempo de descanso. Luego, cuando el equipo remontaba, otras tres faltas polémicas consecutivas les dejaban sin fuerzas para el final. Resultado, Fuenlabrada no pudo con su rival (¿los árbitros?) y cayeron derrotados. El presidente denuncia un arbitraje interesado y premeditado por la competición.

Mañana mismo enviarán la documentación necesaria para que el Comité correspondiente analice las jugadas y valoren algún tipo de sanción a los colegiados. Ya les aviso, no servirá de nada. Una vez hecha la faena de poco vale protestar. Solo servirá, y dudo mucho que este sea el caso, para lo que popularmente se conoce como "meterlos en la nevera". Vaya, para dejarlos sin pitar un tiempo. Habrá que verlo. Las sanciones no tienen carácter retroactivo y la derrota no se la quita nadie a los madrileños. La pataleta no vale más que eso.

Esto me recuerda aquellos cuartos de final en el Mundial de fútbol de Corea 2002 en el que a la selección española fue eliminada por los anfitriones. ¿Se acuerdan? Los dos goles anulados, las faltas flagrantes,... Hoy conocemos que aquel partido fue amañado, los árbitros comprados y, en definitiva, el torneo no dejó de ser una estafa orquestada en los despachos. Se supo a ciencia cierta 13 años después, en 2015, aunque todos lo sospechábamos. Un escándalo a escala mundial. ¿Qué no puede pasar entonces a escala nacional o regional?

Los árbitros no firman autógrafos, pero pueden ser más decisivos que nadie si se lo proponen. No se les reconoce su labor, pero si actúan con negligencia pueden convertirse en protagonistas. Tanto para bien, como para mal. No lo tomen por norma, hay árbitros fantásticos que hacen una labor extraordinaria. Quizás lo mejor sea que no se les conozca, que no se hable de ellos, que no nos acordemos que están. Eso significará que estarán haciendo bien su trabajo. Con sus penurias y sus grandezas, el árbitro siempre está. Para bien o para mal. Aunque a Guardiola no le falta razón: con cinco millones de parados para qué hablar del árbitro.

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