Columnismo

Entre dos luces

Modo avión II

20.06.2016 @pablomerinoruiz 2 minutos

En modo avión. Aquí, perdido entre las montañas de una sierra nevada (o no, a estas alturas) paso las horas buscando tu portal. Los abuelos salen a la calle cuando se echa la tarde. Colocan sus sillas de esparto en fila india, escrupulosamente ordenadas en la acera, ocupando cada uno la suya. El humo del habano, las fichas desgastadas de dominó, los abanicos de flores, el hombre de los barquillos, el chismorreo vecino, las cuñas de chocolate del barrio Hondillo… La esencia. Un pueblo que, aunque mayor, sabe disfrutar. El atardecer trae el fresco de la sierra.

Cae la noche y las terrazas abrazan a los maestros del tapeo nocturno. Tostas de aceite y tomates de la tierra y mosto de la uva aun sin fermentar, dulce manjar, rellenan la mesa. A la luz de la luna, creciente más que nunca, los niños corretean por las callejuelas y los jóvenes huyen escondiéndose, de la mano, entre esquinas que recuerdan el legado de nuestra añorada Al-Andalus, las raíces. El agua de la fuente, llena hoy de salud y esperanza, se convierte en la banda sonora de los largos paseos por la avenida principal, la calle Real, esa que tienen todos los pueblos. “Mas la canción del agua, es una cosa eterna” (Lorca).

Hablando del todo y la nada, la madrugada llega a los portales de las casas blancas y los terraos negros de piedra cubiertos de launa. En el silencio tu murmullo se convierte en susurro y el sueño en nuestras sonrisas cómplices allí frente a tu puerta, cara a cara, atados por la cobardía y enmudecidos por la sinceridad de una mirada, la tuya. Pasan los horas como pasa la vida, envuelta en aquellos versos gaditanos del cantaor Chan: “si a ti te pasa lo mismo y quieres / nos vamos pa'lante y llegamos hasta el final”.

No te conozco suficiente, todavía, pero me veo incapaz de negarte y de negarme. Y sin conocerte me reconozco en tus ojos. Sé dónde miran y no me oculto. Porque la libertad consiste en eso, en no renunciar. Bernard Shaw me enseño que lo tuyo y lo mío es “una tremenda exageración de la diferencia que existe entre ti y todas las demás personas”. Tú, más allá de Monte Carmelo, y yo, desde aquí, a oscuras en tu portal. Robando las llaves de tu puerta. Esperando que me invites a pasar.

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