Columnismo

Entre dos luces

Obsesión por el coche

23.05.2016 @pablomerinoruiz 2 minutos

Los españoles adoramos conducir. Utilizamos el coche para todo, hasta para ir a comprar al pan a la calle de enfrente. Queremos  cumplir los 18 solo para correr a la autoescuela y sacarnos el carnet de conducir. Allí nos gastamos los ahorros de todo el verano para costearnos los exámenes y las carísimas clases prácticas. Lo mismo pasa con la moto a los 16. Pero, ¿por qué nos gusta tanto el coche?

Entre los costes por el seguro, la matrícula, comprarse uno (aunque sea de segunda mano) y el mantenimiento, es un pico importante al año. Me atrevería decir que es un lujo, en ocasiones, innecesario. En un tiempo en el que todos nos quejamos del cambio climático y la contaminación atmosférica, nadie prescinde de él. Contamina, y mucho, de sobra lo sabemos. La calidad del aire, sobre todo en las ciudades, lo sufre. Sino que se lo digan a Manuela Carmena y a los madrileños con sus célebres cortes de tráfico urbano por horas. Se respira aire tóxico, doloroso y desagradable. Genera graves problemas, y no será por transporte públicos rápido. Sin olvidar el célebre bono joven de Cifuentes, ¡cuánto voto popular renovador se llevará el PP en la Comunidad!

Hay quien dice que es por afición. ¿Entonces por qué se tiende hacía el vehículo automático? ¿Por el gusto a que conduzcan por ti? Lo dudo. Habrá gente a la que le encante, pero no todos, ni siquiera la mayoría, tienen coche por esa razón. Pienso que, en realidad, todo nace de la relación coche-libertad. Asociamos estos dos anhelos y los convertimos en imprescindibles. Nos da seguridad acceder a esa vía de escape, aquello de coger el coche y desaparecer. Conectamos la independencia con la capacidad de ir a uno y otro sitio. Acción, consecuencia.

Lo entiendo, pero no lo comparto. Somos el país que compra más coches en toda Europa, de los pocos sectores el automovilístico que la crisis no le afectado mucho. Paradójicamente somos, también, los líderes en infraestructura de AVE y líneas ferroviarias en el continente. Alemania tiene menos trenes que nosotros, ¿lo sabían? Y somos los que construimos más aeropuertos por kilómetro cuadrado, faltaría más. Cada vez hay más ciudades que se suman a la loca aventura del metro, y que la sufren como en Málaga, sin resultados extraordinarios. No hay conciencia de transporte público. Como decía el Canciller de Hierro Otto von Bismark: "La libertad es un lujo que no todos pueden permitirse". ¿Hasta cuándo aguantaremos los malditos atascos? Huyan de ellos y sean libres.

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