Columnismo

Entre dos luces

¡Pío, pío!

22.02.2016 @pablomerinoruiz 4 minutos

Un día como hoy hace exactamente un año paseaba por la playa de las Canteras. Viajé a Las Palmas para cubrir la Copa del Rey, uno de los eventos más importantes del baloncesto español y europeo. Allí me acogió mi tía, en la capital de la isla. He de reconocer que los canarios nunca me cayeron muy bien, excepto mi tía claro. Tenía un par de amigos “canariones” aquí en Málaga que siempre se metían conmigo por ser del Unicaja. Eran un poco pesados para lo poco que me gustaba su equipo...

En menos de una semana allí acabé comprando la bufanda del equipo. La isla se ganó mi simpatía y me enseñaron ese espíritu canario que desconocía. Montado en las famosas guaguas disfrute del traicionero chorizo de Teror, de los microclimas del norte y el sur, de las playas y sus paisajes, de su gente… Me dio tiempo incluso a salir de fiesta con algún jugador del Gran Canaria (cuyo nombre no revelaré por ética profesional) por las calles de Vegueta. Solo guardo buenos recuerdos y buenas amistades.

Anoche Gran Canaria alcanzó la primera final de la Copa del Rey. Lo hizo después de ganar al líder de la liga, Valencia, y a Bilbao en dos partidos memorables. En el primero derrocaron al principal favorito al título remontando en los últimos minutos y dando la sorpresa. En el segundo batieron el récord de un último cuarto en la historia de la competición, 19 puntos de diferencia le sacaron al equipo rival anotando un total de 33 en 10 minutos. Toda una proeza gracias a jugadores como Albert Oliver, Eulis Báez o Alen Omic.

En la final se encontraron al Real Madrid. Los blancos cuadriplican en presupuesto con 29 millones a los insulares, con solo 7.3. La diferencia es notable. Gran Canaria aguantó el tipo durante todo el partido y plantó cara al mejor equipo del continente. En algunos momentos llegó a estar por delante. Lucha, esfuerzo, solidaridad y sacrificio son las señas de identidad del club amarillo. El entrenador Aito García Reneses, un viejo maestro de los banquillos, hace maravillas con la pizarra. Es capaz de sacar lo mejor de sus jugadores a sus 69 años. Es su duodécima final con 5 equipos diferentes y sus títulos no caben en este artículo. Lo conocen como Don Alejandro.

A menos de 2 minutos para el final perdían de 12 puntos, la diferencia era prácticamente insalvable. En uno de los gestos de pundonor más fascinantes visto en los últimos años, pelearon como jabatos hasta colocarse a 2 puntos. ¡Remontaron 10 puntos en un minuto al Real Madrid! Al alcance de muy pocos. La fortuna y el destino finalmente no les acompañaron y acabaron perdiendo 81-85. Con todo mi respeto a los aficionados merengues, una injusticia.

Enseguida cogí mi teléfono y mande un mensaje a Trejo y Juancho, esos dos amigos que hace unos años no paraban de fastidiarme con el dichoso “Granca”. Les di la enhorabuena y les dije que podían estar orgullosos de su equipo. Allí han conseguido formar un grupo fantástico. La afición les apoya allá donde van. Las lágrimas de algunos jugadores al terminar el encuentro son la imagen del compromiso y la entrega; ya sean finlandeses, dominicanos, candienses, eslovenos, senegaleses o españoles. Con el paso del tiempo valorarán lo que han logrado.

Kyle Kuric, de baja por un tumor cerebral –ya superado- desde noviembre, sonreía desde la grada orgulloso viendo a sus compañeros. Quizás con Kyle en pista el rumbo de la final habría cambiado, tiene mucho talento. Su valentía afrontando su enfermedad ha unido aún más al grupo. Es un ejemplo para todos, esperamos verlo pronto compitiendo. Parte del éxito también es suyo. Quizás es ese valor humano el que hace grande al equipo y lo lleva tan lejos. No todo es ganar en este deporte.

Hoy no me queda otra que rendirme a la evidencia, sacudir el polvo a mi bandera "canariona" y cantar como el “Malaguita” y la afición en el CID y en el Arena: ¡Pío, pío! ¡Oe amarillo, oe oe!

PD: Si no le dedico estas líneas a mi tía me mata y, además, no me volverá a alojar en su casa cuando vuelva a la isla. Prometo que no tardaré mucho en hacerlo. La playa de las Canteras, los deliciosos “cubanitos” y el gofio escaldado me esperan...

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