Columnismo

Entre dos luces

San Valentín no está bien resuelto

13.02.2017 @pablomerinoruiz 3 minutos

Un año me obligaron a celebrar San Valentín y no recuerdo situación más embarazosa que aquella. Por la mañana tuve que ir a una floristería. Con una vergüenza terrible, no sé si por edad o por conciencia, me fui a la dependienta y le pedí una rosa. Me quedé helado, 4,5€ costaba. Resignado le dije que sí, que me la llevaba. ¡Qué remedio! No me podía presentar a la cita sin una, o peor, con una de plástico. Estafado, pasé una tarde que en aquel momento veía como romántica pero que hoy podría parecerme hasta repulsiva. Recibí a cambio una cajita roja con fotos y frases amorosas que mi memoria ha conseguido olvidar. La tengo bien entrenada, sabe bien con lo que no tiene que quedarse. Además, la tarde acabó en paseo, cena/postureo y poco más. Sin chicha ni limona'. Aburrido, caro y sonrojante por la circunstancia. Obligado a decir palabras ostentosas y a mentir sin piedad con promesas que deberían ser anticonstitucionales.

Ahora entiendo que la perspectiva siempre gana, igual que la historia se repite. Esta experiencia es la mía y es la de todos. No estáis solos en esto. Os ha pasado, os pasa y, si no actuáis, os seguirá pasando. Por eso os digo, San Valentín no está bien resuelto.

Empecemos por las tarjetas. Alguien tiene que decirlo: son una cutrería. No valen ni cuatro duros. Las compráis la tarde de antes en el chino de abajo, no nos engañéis. Especialmente ruinosas son las que ya vienen con la frasecita incorporada del tipo "en el sueño y en el amor no cabe lo imposible", "amar y ser amado es sentir el sol de ambos lados" o "te quiero no por lo que eres, sino por lo que soy estando contigo". Molestaos al menos en escribir frases sinceras y profundas, algo así como: "las malas lenguas hablan y hacen daño, pero las buenas sacan orgasmos". Lo cortés no quita lo valiente. Animaos. Os hace bien.

En el tema rosas y flores invertiría los papeles tradicionales por género. Vi esto por primera vez en una serie y me pareció una idea brillante. Al chico se le quedó una cara de idiota maravillosa cuando la chica se presentó con un ramillete en la mano. Rompamos el guion. ¿Por qué siempre tienen las mujeres que recibir flores? También suprimiría la cena con velas o, en su defecto, el paseo por el parque cogidos de la mano. Están sobrevalorados y manidos. Os propongo, ya que queréis algo íntimo en pareja, por ejemplo, una sesión de chocolaterapia. ¿Se os ocurre algún plan más original, empalagoso y relajante para hacer en pareja? Ahí tenéis. Cuando lo probéis contadme, quiero saber más. Al menos, os ahorraréis silencios incómodos, los espaguetis boloñesa y el frío de una tarde de febrero bajo los árboles.

Sé que me tacharán de resentido, de soso, incluso de envidioso. Me arriesgaré. Asumo las consecuencias, pero sabed que San Valentín está desfasado. Dejadlo ya. No os empeñéis. Entre que vacía carteras, rompe parejas -sí, las rompe- y defrauda con presentes lamentables no os merece la pena. Pensadlo. Ya os digo, San Valentín no está bien resuelto. Os hace más mal que bien. Reflexionad. Si la vida os da limones, no los guardéis, que se os pudren. Deberías hacer una buena limonada y tratar de encontrar a alguien a la que la vida le de cervezas, y, juntos, montar una buena fiesta. Incluso, ya puestos, apartad vuestra limonada y dejadnos con la cerveza. Dicho queda.

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