Columnismo

Entre dos luces

Vender la infancia por Wallapop

02.01.2017 @pablomerinoruiz 2 minutos

Mi hermano está vendiendo su infancia por Wallapop. Literalmente. Lleva más de un mes saqueando las estanterías de su cuarto: las naves de Stars Wars de LEGO, los juegos de Marios Bross y Donkey Kong… Supongo que leyó las instrucciones que se subieron a esta casa y quiere sacarle rendimiento a sus "juguetes rotos"–y dinero- en la app de moda: Wallapop. La única forma de esquivar los impuestos de Montoro, un paraíso para la economía sumergida.

Wallapop es la tienda de segunda mano más famosa del s.XXI, el Outlet más rentable de todos los tiempos. Encuentras cualquier cosa, a cualquier precio, en cualquier lugar. Del chollo más insólito a la estafa más descarada. A través de un Smartphone, por ejemplo el de mi hermano, van apareciendo un sinfín de artículos que venden personas de tu zona. Si lo que quieres es vender, solo se necesita poner el precio, incluso negociarlo con el/los interesados. Después, fijas el lugar y hora de la compra/venta del producto. Nada más. Puedes vender en la puerta de tu casa si quieres. Prácticamente sin intermediarios y personalizado, según le convenga a cada cual. A la carta.

Gracias a Wallapop mi hermano, y otros tantos de su generación, van a entrar en la adolescencia a golpe de talonario. No les hace falta más que un móvil y permiso (si es que lo piden a sus padres) para vender esos “juguetes rotos”. Limpian la casa de trastos sin usar en un periquete. De esta estratagema se llevan dinero fácil para estrenar su adolescencia. Para él, esta es un ordenador a piezas que, por supuesto, montará él mismo. Encargará lo que necesita y construirá, como hacía de pequeño con sus piezas LEGO, lo que le apetezca. Lo guiará un youtuber desde Bogotá o Buenos Aires. A saber. Le deseo suerte y éxito en la tarea.

A los Reyes Magos mi hermano les sigue pidiendo cosas, pero no necesita mandarles la carta por correo postal. El catálogo de juguetes de Toysrus o Toy Planet ya no le sirve. Ahora Los Reyes miran la lista de deseos de Amazon, Spotify o Ebay. Sus majestades traen regalos al niño que el adolescente venderá por cuatro duros en Wallapop, al vecino de enfrente. Además hay “Reyes nuevos” que llegan desde Oriente gracias a este invento, no podrían hacer tan largo viaje sin abaratar costes. Ya me entienden. Wallapop les echa una mano en el camino.

Mientras tanto mi hermano sigue a lo suyo, deshaciéndose de recuerdos para construir nuevos. Librándose de las aventuras de Mario Bros para entrar en las guerras del League Of Legend en lo que será su nuevo ordenador a piezas. Se nos hace mayor.

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