Columnismo

Entrevista ficticia y caricaturesca a Esperanza Aguirre

23.04.2017 @emilioarnao 4 minutos

Nos encontramos en los secarrales del Campus de la Justicia de Madrid. Esperanza Aguirre llega tarde -yo mientras estaba leyendo la “Justine” del marqués de Sade- con un gintónic en la mano y en la otra una braguita roja que huele a coliflor. Está risueña y sexagenaria, chispeada por la bebida y con en esos ojos de Mary Poppins que tanto la caracterizan. Me da un beso seco y medio erótico en las mejillas, mientras me dice: “¿Y usted de dónde sale?”, “del infierno”, le respondo yo. “No me hará preguntas comprometedoras”. “En absoluto, esto sólo trata de ser una conversación sarcástica y falsa que no debe tener ningún sentido”. “Me gusta la idea, sabe, yo en el fondo soy una cachonda. Me gusta la sofistería”. “Empecemos entonces”. “Adelante, por cierto me gusta su calva”. “Y a mí su sonrisilla de Pipi Calzaslargas”.

¿Qué tipo de lencería usa?

Ninguna. Me la pongo por las mañanas, mientras me visto con los vestiditos que le robo a Manuela Carmena, pero al salir de casa, ya en el ascensor, me quito las braguitas y el sujetador, porque me molesta el roce, esa especie de cinturón de castidad que es la lencería. Yo voy suelta por el mundo, pero siempre voy muy perfumadita en los bajos y en los arribas.

¿Por qué ese odio hacia Manuela Carmena? Tampoco lo está haciendo tan mal.

Eso lo dirá usted, pero esa especie de bruja ha encantado a los madrileños con sus pintalabios y esa melena de jueza que le sienta como si fuera todavía una nínfula amada por Nabokov.

Pero yo la veo a usted más como a una Lolita que como a una sexagenaria, ¿a qué se debe ese despertar de la belleza?

En efecto, yo soy una Lolita y me aman muchos Humbert Humbert que andan por ahí sueltos mientras me piropean con frases como: “Ese culito lo quiero para mí”, “le cubriría a besos todo el cuerpo”, “eres más bella que Inés Arrimadas” y otros detalles que están en el libro de Nabokov. Me siento infantil y sensualísima, chulapa y San Isidra.

¿Cuándo es la última vez que ha estado con un hombre?

Ahora mismo, me ha traído el chófer.

¿No le aterra todo lo que está saliendo en la prensa sobre la financiación ilegal del Partido Popular de Madrid?

Ni por marica que soy. Todo eso son invenciones de periodistas con los calzoncillos cagados y de esos hippies de Podemos, que hay que ver qué cabroncillos que son todos. Me tienen en el punto de mira, pero yo no echo la gacha por mi boca, siempre digo la verdad. No soy una macarra de la política, sino una nínfula a la que le han salido por ahí cuatro ranas a las que yo le doy de comer starlux y un brazo de gitano.

¿Por qué siempre se está metiendo con Podemos? Pobrecillos, hacen lo que pueden. Además tienen más de cinco millones que los respaldan.

Mire usted, calvito, esos jóvenes y jóvenas que han salido ahora como cortes de jamón de pata negra huelen siempre a sucio, no se lavan ni las pililas ni las vulvitas, y además llevan rastras que hacen imposible que este país vuelva a ser como lo dejó mi amantísimo Pepito Aznar. Con la llegada de estos drogatas y amancebadores de liendres lo único que hemos conseguido es que la política española retorne a la época de doña Urraca.

¿Pero no me negará que son buenos plebeyos?

Yo soy la reina Lolita y a mí no me van a venir a joder la marrana. Más que plebe son labradores cebolludos, los cuales quieren resucitar a Lenin para que a las chavalillas madrileñas y por extenso a las españolas se les corte la menstruación así de golpe. Son los hacedores de la menopausia.

Ahí voy, ¿tiene usted menopausia?

¡Quia! Yo tengo todo el cuerpo florecido, deseoso y deseante, dispuesto a parir por los menos doce esperancitas más para que acaben por fin este Campus de la Justicia en donde estamos.

¿Se ha llevado usted dinero de la Caja B del Partido Popular?

Ni una chapa. Yo soy la mujer más incorruptible que anda por los caminos por donde anduvo Teresa de Jesús. Yo soy el brazo incorrupto de Teresa y Ahumada. Toque, toque y verá la carne prieta.

Insisto, ¿se ha beneficiado usted de la trama de su rana Granados?

Ese chinche está en Villa Paquita, que es donde tiene que estar por no regarme las plantas todos los domingos de mi chalet. Él se lo buscó. Le dije: “O me riegas las plantas o destapo el caso Gürtel”. No me hizo caso, pues que se haga sacristán del Santo Presidio.

Si mañana estampara su coche en la Gran Vía y por desgracia falleciera en el acto, ¿cómo le gustaría que se le recordara?

Como a una nínfula que cazó talentos, que se afeitaba siempre las piernas, que no tenía pelillos de osa en la lengua y que nunca he usado lencería, como tampoco la usaba Margaret Thatcher. Venga, mi calvito, vámonos a tomar otros gintónics. Luego te bailas conmigo un chotis. Mi chochito pide chotis. Qué majete es usted.

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