Columnismo

Fantasmas en el confesionario

¡A los leones!

28.04.2016 @juanromerafadon 3 minutos

Alea iacta est. Las últimas páginas de un guión escrito sobre lodo –y no sobre cemento, mas previas recomendaciones– dejan entre ver antes de tiempo un esperado To be continued. La tenue luz crepuscular refleja los escombros de 24.043.049 voluntades.  De fondo los compases finales de la Marcha Fúnebre. En el féretro la decrépita clase política, demacrada por un fulminante reloj. ¡Tic-tac, tic-tac! Apenas cinco meses ajados; depredadores de una cuenta atrás que comenzaba en cuatro años. En el velatorio solo presentes la ira, la resignación y la desesperanza, a la que poco le queda de color verde.

Y es que del jardín de España no han nacido ni unos pocos y míseros níscalos. Esos perros del hortelano, que todos sabemos a qué se dedicaban. Pues lo mismo, pero con la indecencia añadida de pegar ladridos. Aquellos que propusieron sacar las mordazas a la calle –con correa incluida por eso de los canes–, parece que la llevan puesta desde hace varias semanas. Los Hannibal Lecter de la política popular, mudos como el séptimo de Blancanieves. Incapaces de articular palabra. Ni de hacer el esfuerzo, que cuanto menos perezoso, de sentarse con los de la rosa. La única excusa, el peso de las carteras. Inmovilismo en todas sus vertientes.

Sí, inmovilismo. Y no como Pedro el Bello. Ese que rectifica sus errores y reconoce sus desafortunadas formas a modo de disculpas. Con un aliciente. ¿Rabillo de pasa? Menester sería, pues haría falta recordarle que su perdón tendría que incluir a unos cuantos millones de españoles más. En la memoria de todo queda su: “Yo voy en serio…” y demás patrañas. Sin olvidarnos de su ejercicio de humildad: “uno de los errores que cometemos los socialistas es no reconocer las grandes cosas que hemos hecho”. Sin olvidar que el ególatra lleva unas cuantas lunas midiendo si su trasero cabe o no en la silla de la Moncloa.

¡Y qué decir de los verdaderos salva patrias! De los que han pasado del “¡Que no!, ¡que no!, ¡que no nos representan!”, al: “¡Que no!, ¡que no!, ¡que no os representamos!”.  Ese diálogo escrito con delgadas línea rojas. Tan excluyentes como los porteros de algunas casetas de la feria hispalense. Coleta Morada ya no ser solo politólogo y tertuliano. Coleta Morada ser ahora actor de teatro. Coleta Morada hacer de niñero en el Congreso. Y Coleta Morada fumar mucho de la pipa de la paz. Mucho.

Pero aún nos queda la Naranja Mecánica. Esa que un día te sorprende con la 9ª Sinfonía de Beethoven y al siguiente con un bastonazo a su drugo. ¿Qué hoy me llamas Nuevas Generaciones? Pues mañana pacto contigo. ¿Qué si somos de derechas? Pues pasado nos damos un abrazo. ¡Ah! Y eso cuando no me levanto pensando en proponer a dos independientes, estando por medio el pacto. Diagnóstico: bipolaridad. Ya que muchos no quieren creer a Pablo Iglesias, al menos háganle ese favor a Kubrick.

En el capítulo final, una reata de 350 caballos. Alocados, desorientados, sin cabalgadura. Atado al último, un coche fúnebre. El enterrador con más ganas de lo que es habitual saca el féretro. Sobre la caja de madera, una laúd de tierra y fango. En la lápida se lee: “En política, lo que no es posible, es mentira” (20/12/2015-3/5/2016). El Marqués de Bradomín deposita un sobre en blanco sobre la historia. ¿Fin de la historia? Solo de la cita…

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