Columnismo

Fantasmas en el confesionario

Ayer no debió amanecer

10.11.2016 @juanromerafadon 2 minutos

En un futuro incierto, Hillary le contará a su nieto como aquella mañana del 9 de noviembre todo parecía igual pero nada volvería a ser lo mismo. En otro lugar, Melania (ex)Knauss le recordará al pequeño y soñoliento Donald cómo aquella noche habían visto amanecer y habían sentido la metaforización de ese sueño americano en la naturaleza. En cambio, al mundo entero no hará falta que le refresquen la memoria porque nadie olvidará ese día. No solo por el halo de preocupación que este 9 de noviembre ha representado en los mercados, sino porque ha rebajado a los niveles del Ibex-35 la credibilidad del analista, del politólogo y de las encuestas.

La razón ha descendido al impulso y al instinto. El ser humano es impredecible. No es la primera vez que pasa esto. Es la cuarta. El triunfo supino de Trump supone la consolidación del fracaso numérico de las predicciones políticas. No hubo sorpasso (en su momento). Gran Bretaña ha querido recuperar aquella hegemonía geográfica y aislar a Europa del centro del mundo en su hipérbaton de supremacía. Colombia puede que perdonara, pero no beatificó a nadie. Quizá la única encuesta que no se equivoca es la que hace dos años se disfrazó de simulacro democrático y se hizo con la independencia unilateral. Igual que quién consigue un iManzana en la tómbola de la feria. También un 9 de noviembre.

Esta fecha pasará a los anales de la historia bautizado por el día de Toribio, el que no afirmaba nada, solo opinaba. También será el día en el que la Casa Blanca sea "más blanca" que nunca y que el único color secundario que prime sea un naranja de cabina bronceadora. Como el sol que abrasa el desierto de Sonora. Ese que en unos meses podría lucir un muro de Berlín made in USA. Háganle caso, Trump sabe construir muy bien. Además, podrá contar con la ayuda de su empresa y de Hillary, aquella que en cierta ocasión reconoció que como senadora quiso construir una barrera para evitar la entrada ilegal de inmigrantes. No se han cambiado los puestos, tan solo las máscaras. Esas con las que se frenó la revolución de Sanders. "La sonrisa de un país, la alegría de 50 estados", podríamos haber imaginado.

El conflicto está ya sellado. O esto solo sea la brecha de la que empezará a emanar el fracaso del ser al que estamos destinados. El día no tiene mejora por ningún lado. Me llama mi amigo Dávila comentándome que ha muerto La Veneno. Pongo La Sexta por si ha acabado ya Al Rojo Vivo. Está Ferreras, que sigue...

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